Fundador - Viajero ocasional
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Seguro que recordáis el thriller que hizo famoso a Michael Jackson. La típica película de terror en la que salen zombis por todas partes y el protagonista no tiene dónde meterse. Cuesta un poco meterse en la piel del protagonista; sensación chunga, eh? Pues a mí me ha pasado. Me pasó hace una semana en Bamako y menos mal que hoy, en Uagadugu, me ha pillado con experiencia y he salido mejor parado, que por poco repito el espectáculo.
El viernes pasado volvía al mediodía distraídamente desde el ciber-café a la misión católica donde me había hospedado. Como llevaba varios días recorriéndome esa calle, en un alarde de autoconfianza, iba con el GPS apagado y todo.
Entré por la calle de siempre y al inicio me dijo un tipo: "no se puede pasar por esa calle; que está cortado". ("Tú sí que estas cortado", pensé). Era la calle por la que pasaba todos los días; a estos africanos vacilones, como les dejes tomarte el pelo, te vuelven majara.
Cuando iba por más de la mitad de la calle me di cuenta de que por todas las orillas estaba abarrotado de gente quieta. Mucha, mucha gente; todos como esperando... y según me estaba dando el mosqueo... sonó una voz por el megáfono de alguna mezquita y se levantaron todos de golpe, en silencio, como en una película de miedo. Y Jon, pues nada... dando la nota en todo el medio.
Como el final de la calle estaba más cerca que el comienzo, fui a todo correr de puntillas; como cuando uno se hace el hombre invisible, hacia aquella salida a la avenida grande. Mientras tanto, toda la calle me ignoraba y se pusieron de rodillas y doblados hacia alante.