Fundador - Viajero ocasional
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Montaño, paso todo el día sentado en el restaurante escribiendo, había comenzado una nueva obra de teatro y eso lo tenia motivado, también escribía sobre sus memorias de viaje, en su diario dejándolo a punto hasta su llegada a Canoa. Se había levantado un par de veces para ir a la playa a contemplar el mar, no hizo nada mas ese día: caminar muy poco, comer, escribir, fumar pipa, una cerveza, escribir, pensar, llegaron las siete de la noche, a esa hora estaba tan metido en la escritura que no se dio cuenta de primerazo que alguien lo estaba llamando.
-disculpe, si lo interrumpo
cuando Montaño entendió que era con el, vio a una rubia de casi dos metros, ojos oscuros y acento argentino parada un poco distante de el.
-¿le molesta si me siento?
Montaño le dijo que no un poco molesto, no por la compañía como si por la interrupción de una idea que escribía con emoción.