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Senegal

[Jaume]

Jaume

[*] Fundador - Viajero ocasional

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Datos del viaje

Textos de Jaume Almirall http://www.arrakis.es/~j_almirall/

Al bajar del avión el aire caliente golpea el rostro. La ropa se humedece y los poros de la piel se abren como en un baño turco tornándola pegajosa. La temperatura, que un día después percibiremos agradable, parece ahora sofocante en contraste con el frío invernal del interior de avión, provocado por la mano ejecutora que gobierna la temperatura del aire acondicionado.

De noche o madrugada; siempre de noche o madrugada; el autobús nos conduce hasta el edificio del aeropuerto donde espera la cinta sinfín que debe traernos la bolsa del equipaje; todo lo material que nos liga a nuestro mundo occidental. Como emergida de una lúgubre caverna, la bolsa aparece cuando ya toda esperanza está perdida. La imaginaba trotando por algún lugar lejano, extraviada en el transbordo de un aeropuerto europeo, conociendo lugares a los que yo nunca podré llegar. Pero ahí está, con aspecto de haber sufrido mil batallas; herida, arrugada y sucia.

Esquivamos con una buena dosis de paciencia a los que se empeñan en ofrecer su amistad y llevarnos la bolsa, y con una sonrisa cómplice convenzo al aduanero de que lo más peligroso que hay en mi equipaje son los calcetines.

Exploro los rostros de los que aguardan, sabiendo que nadie me espera. Sería más fácil si, como otras veces, hubiera quedado con Doudou para que me recogiera. Tomaríamos un taxi e iríamos a casa de un amigo madrileño, muy cerca del aeropuerto, quien seguro que tendría para nosotros una habitación con ventilador para pasar la noche. Al día siguiente, un buen desayuno preparado por Caty me ayudaría olvidar el retraso del vuelo, y la sonrisa y el alboroto de Jeremy me prepararían la mente para iniciar el viaje. Pero no ha sido así. Doudou no me espera, y yo soy incapaz de encontrar la casa en el intrincado barrio donde vive; así que empiezo a desempolvar mi olvidado francés, incomprensible para los franceses, y apañar el precio con un taxista no demasiado ávido de francos para que nos lleve a un hotel; al de siempre, céntrico y no muy caro, con un propietario libanés que habla un español mucho mejor que mi francés.

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