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Fundador - Viajero habitual
Este día también se preveía tranquilo pues el tren no partía hasta las 3 de la tarde. La intención era llegar a Ayutthaya a las 5 de la tarde, y en esa dos horas de luz ver aquello que no habiamos visto en la anterior visita, y luego coger el tren-litera hacia Chiang Mai.
Un escapa rápida al bosque de nuevo no era factible, así que nos acercamos a un complejo donde entre otras cosas ofertaban paseos en elefante. Por 600bth nos montamos ambos en una hermosa y enorme elefanta para deleitarnos con un paseo de unos 40´. Lo mejor era que lo hacíamos nosotros 2 solos y el guía, y que el entorno del recinto era totalemnte agreste por estar muy cerca del parque. Así que entre risa y risa se nos pasó el paseo. Eramos un pocos escépticos al respecto y aunque la verdad es que a los 10´ estás un poco harto del ritmo candencioso del elefante, el hecho de hacerlos solos, por un bonito paraje y con un elefante autista que ignoraba por completo a su dueño, lo transformó en una expriencia cuando menos entretenida.
A las dos y media pasadas ya estábamos en la parada de tren. Sin embargo este se retrasó terriblemente así que hasta las 4 y media de la tarde casi no partimos. Nuestro plan de volver a visitar Ayutthaya se vió truncado. Así que apenas nos dió tiempo para cenar algo en Ayuthaya y coger el tren Nocturno hacia Chiang Mai a las 9 de la noche. El billete ya lo habíamos comprado días antes en la central de reservas de la estacion de Hualampong de Bkk por el módico precio de unos 500bth en litera de 2ª clase y con ventilador. Más que suficiente para hacer un cómodo viaje. Aún así si andais un poco justos de dinero los asientos de 2ª con ventilador cuestan algo menos de la mitad y el viaje aunque sea de 12h se puede soportar. Sobretodo si vas acompañado que siempre os podreis apoyar mutuamente para dormir.
Como el tren provenía de Bkk, habiendo salido a las 19:30h, aún las literas no estaban montadas, así que dejamos nuestras mochilas sobre los asientos que más tarde convertirian en literas, y nos fuimos al vagón restaurante. Éste estaba decorado con luces de neón y la música sonaba atronadoramente para hacerse oir por encima del ruido del tren. Estaba bastante lleno y casi todos eramos "farang" y militares. Se respiraba un ambiente muy divertido y conciliador y enseguida entablabas conversación con los de la mesa de al lado. Allí estaban un grupo de italianos y explosivas italianas haciéndose notar, una pareja de recién enamorados, él, Australiano con pintas de viajero infatigable, ella, una tailandesa que se dejaba seducir. Al fondo los militares disfrutando de un momento de asueto y al otro extremo un matrimonio thai de poder adquisitivo alto cenando tranquilamente.
Tras un par de Singhas de medio litro y una opípara cena (no recuerdo el precio pero no nos pareció caro para ser en un vagón restaurante) nos dispusimos a dormir.