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Fundador - Viajero habitual
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Regidos por el loco horario birmano eran las 4 de la mañana cuando el autobús nos abandonó en las solitarias y oscuras calles de Kalaw.
Aún así allí esperaba un gancho que pretendió llevarnos a su hotel de comisión. Sin embargo nos mantuvimos firmes y como el pueblo era pequeño nos dirigimos directamente al que teníamos pensado, el Golden Lilly Guest House. A pesar de la hora intempestiva, nos atendió su dueña, una mujer delgada de origen indio ataviada con su bata de guatiné. Nos enseñó las habitaciones más caras, unas austeros habitáculos con baño por 10$. Estábamos tan cansados que ni tan siquiera regateamos y mucho menos preguntamos por las habitaciones más baratas, que las había. Nuestra intención era dormir un par de horas y contratar el "treking" ese mismo día dirección Inle.
Kalaw
Evidentemente fue imposible y no nos despertamos hasta las 10 de la mañana. Kalaw y sus alrededores no guarda joyas arquitectónicas de interés, pero es conocido entre los viajeros por ser uno de los principales puntos de partida de numerosas rutas por los montes de la región. No obstante, anduvimos por el pueblo todo el día. Almorzamos en un restaurante hindú a pie de la carretera principal, de comida muy rica y de personal amable. Empezábamos a acostumbrarnos a aquella servidumbre. Nos gustaba que nos sonrieran, que nos atendieran con delicadeza, que fueran detallistas y muy calmados. Parecía que cada uno de sus actos fueran parte de una delicada ceremonia protocolaria, tanta paz y tranquilidad no hacían más que aumentar nuestro disfrute por el viaje. Nos llegamos a impregnar de esa amabilidad y tranquilidad, dejando atrás nuestras acostumbradas prisas nos sumergimos en un mundo mucho más armónico. Paseamos por el mercado del pueblo, mucho más limpio y ordenado que el de Bago.
Templos
Decidimos visitar las dos pagodas principales que se encuentran en las a fueras del pueblo, el Templo del Buda de Bambú y la Shwe Oo Min Paya y su cueva. Guiados por el escueto mapa de la LP y gracias a la ayuda de los lugareños llegamos en algo más de una hora a la Shwe Oo Min Paya. El templo era sencillo pero bien cuidado. Lo que más llamaba la atención era la cueva adyacente llena de budas por todas partes. No había rincón ni trozo de pared que no estuviera ocupado por la imagen de Buda en mayor o menor tamaño, con luces o sin ellas. Era una versión reducida de la cueva de Pindaya.
Tras tener Gortxu un pequeño percance con un escarabajo pelotero que le hizo sangrar de la nariz, alegaré en favor del escarabajo que él tan solo se defendió, decidimos visitar también el Templo del Buda de Bambú, pues aún el sol brillaba en lo alto. Encontrarlo a pesar de carecer de mapa no fue nada difícil, más sorprendente fue que para poder llegar a él tuviéramos que cruzar un campo de golf. En un mal cuidado césped se repartían media docena de hoyos. Por sus verdes praderas se desperdigaban jugadores y asistentes en una imagen un tanto sorprendente para un país como Myanmar, no tanto por su legado inglés, que era evidente, sino por su situación económica. Al fondo un precario edificio colonial intentaba emular a un club de golf.
Como la mayoría de las payas, ésta se encontraba en lo alto de una colina, a la que se ascendía gracias a unas largas y empinadas escaleras techadas. Cuando entras en las pagodas no tienes ese aire de solemnidad que se respira al entrar en las iglesias católicas, donde todo está acotado y muy sistematizado. Aquí no sabes muy bien a qué zonas puedes o no entrar, si la gente que anda por allí está entregada al trabajo monástico o están de visita. Es una forma de hacer religión mucho más cercana e informal. En la primera sala a la que entramos nos recibe un Buda recubierto de pan de oro. Justo enfrente se abría otra puerta presidido por otro Buda de aspecto más modesto. A través de la puerta pudimos ver cómo el monje en posición de semiloto disertaba con sus fieles, que le rodeaban, en animada conversación. Decidimos entrar y sentarnos en una esquina sin hacer el más mínimo ruido con la sola intención de observar. Al poco rato una de las fieles se nos acercó y nos dejó una bandeja con té y un platito de frutos secos que estaban de muerte. Allí estábamos tomando el rico tentempié cuando el monje se levanta y se acuesta en un camastro que estaba a escasos centímetros. Los fieles permanecen sentados, mirando al monje en lo que parecía una cabezadita de mediamañana. El desconcierto debía reflejarse en nuestros rostros, pues la misma monja que nos había ofertado el té se acercó para explicarnos lo que allí estaba sucediendo. En un suave y pausado inglés nos contó que el monje estaba enfermo de los bronquios y que esperaba a la visita del médico. Los fieles estaban preocupados por su estado de salud de ahí la concurrida visita. Allí vivían 10 monjes y 5 monjas, siguió explicándonos, era un monasterio pequeño y cada una de las cabañas que se repartían por el recinto monástico pertenecía a cada una de ellas. Al día siguiente era día de celebración así que estaban esperando que llegara una gran cantidad de comida donada por los fieles. Llegó el médico y tras reconocer someramente al monje le extrajo sangre, le tomó la tensión y escribió algo sobre un papel que le entregó. Aprovechando la coyuntura el resto de fieles requirieron al médico para que les subsanara sus pequeños males. Como en una consulta de pueblo el médico vio uno a uno a todos los allí presentes, salvo a nosotros claro.
Se nos echaba el tiempo encima y aunque nos hubiéramos quedados gustosos más tiempo en el templo, debíamos partir si no queríamos que la noche nos hiciera perdernos por los caminos sin iluminación. Echamos un modesto donativo en la urna e iniciamos el retorno.
Aquellos maravillosos
La noche nos alcanzó en las estribaciones del pueblo. con la oscuridad comenzó un magnífico espectáculo que hacía muchos, pero muchos años que no habíamos vuelto a ver. Y es que el insecto que lo produce es uno de los más sensibles que existen al cambio del hábitat. Hubo un tiempo en que en nuestros pueblos también se podían ver pero ya apenas quedaban. Un nuevo universo se desplegaba a nuestros pies, pero sólo constituido por estrellas fugaces que se movían de un lado para otro en busca de su media naranja. Centenares de luciérnagas alzaban el vuelo dibujando piruetas en el aire con su abdomen parpadeante. Custodiados por estos insectos nos fueron dejando conforme entrábamos en el pueblo y nos dirigíamos al Sam´s Restaurant, para disfrutar de una exquisita y barata cena.
Se nos había olvidado preguntar en alguna agencia de viaje la posibilidad de disponer un guía para el día siguiente, y a esas horas todos los comercios estaban cerrados, así que una vez en el hotel preguntamos por la posibilidad de que nos organizaran un treking. No nos gustó mucho que el precio de la excursión, que el día anterior nos había dicho que costaba 8$ por día y persona, hubiera subido a 10$. Ella argumentó que tan sólo éramos dos, a lo que nosotros respondimos que el día anterior también "sólo" éramos dos. Total que como tampoco había mucho más que hacer accedimos. Pero según íbamos cerrando la excursión fueron surgiendo los "extras". 5.000Yth por cada mochila que había que llevar al lago, 15.000Yth por la lancha motora que nos conduzca desde Indein, donde termina la excursión, hasta Nyaungshwe, que es donde se encuentran los hoteles. Total que lo que teníamos presupuestado como 60$ nos subió a 75$. Además queríamos terminar en las aguas termales, pero parece ser que esto no es posible en esa época del año por las lluvias, ya que la ruta que termina en las aguas termales cruza zonas muy pantanosas e impracticable en época de lluvias.
Visto ahora, posiblemente hubiéramos optado por no coger la lancha, ya que la excursión termina en Indein a las 12 del mediodía. Así hubiéramos aprovechamos ese día para visitar las bellas ruinas de Indein y luego a la tarde o bien sumarnos a algunas de las barcas que constantemente suben hacia Nyaungshwe llena de turistas, con lo que el precio sería más bajo, o en caso de no encontrar ninguna, alquilarla completamente que te sale por 15.000Yth. Es una forma de aprovechar el tiempo aunque sea algo más sobre la marcha.