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Fundador - Viajero habitual
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Bromo 25 de mayo
Amaneciendo vimos de nuevo el espectáculo de colores. No era tan bonito como en la atalaya de la montaña pero sí lo suficiente como para seguir disfrutando con él.
Negociamos el precio del autobús pues con la subida del carburante querían aprovechar y hacer negocio con el turista. Tras regateos y desaires, y tras llenarse el transporte con otros cuatro turistas, emprendimos la bajada a las ocho de la mañana.
A medida que perdimos altitud, la temperatura aumentó. En una hora nos dejaron cerca de la estación general de autobuses. Como no podía ser menos, estábamos frente a la puerta de una agencia de viajes que cobraban comisión si comprábamos un billete en su transporte privado.
Fieles a nuestros principios de negación a los abusos, pagamos las 100 rupias que cuesta entrar en las estaciones del país y buscamos la ventanilla adecuada. De nuevo intentos de timarnos con que el autobús ya no funciona, o que sale a la tarde a última hora o que está lleno… pero perros viejos que somos, conseguimos comprar el billete que buscábamos.
El funcionamiento de la estación es curioso; como una carrera de caballos, los autobuses se ponen en sus “boxes” de salida. Un cartel con el nombre del destino, es suficiente para que elijas el que más te guste por comodidad, limpieza o precio.