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Fundador - Viajero habitual
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Su latitud y su geografía única en el continente europeo convierten a Finlandia en un país paradigmático.
Su latitud permite ofrecernos el inigualable e increíble fenómeno de los días o noches eternas. Durante meses la tierra lapona se halla sepultada bajo un manto, que parece perpetuo, de nieve. Un paisaje inhóspito y salvaje, que sin embargo, meses después cambia radicalmente para mostrarnos la imparable fuerza de la supervivencia animal y convertirse en una tierra llena de vida y color.
Y a pesar de revolucionar nuestro ritmo circadiano, el día sin noche de Laponia satura nuestros sentidos de emociones que sólo un amanecer eterno puede darnos. Durante horas las aves agotan sus fuerzas y cantan el nacimiento de un sol que nunca murió, y nuestros ojos llorosos, no se si por la emoción o por la luz, acompañan al sol en ese viaje sin fin a lo largo de la línea del horizonte, para de nuevo, y sin dejar de mirarnos, alzarse en el cielo anunciando un día que nunca acabó.
Todo esto en el país donde nacieron lo lagos. Habrá lagos más famosos, pero ningún país del mundo puede enorgullecerse de poseer, y sólo en una parte de su territorio, más de 200.000 lagos. Recorrer sus orillas entre pinos y abedules es fascinante. El sol reflejado en sus aguas despide decenas de tonalidades naranjas, que se vuelven blancas cuando topan con los abedules o rojas cuando retornan al cielo.
No es difícil, por tanto, entender que el sol siempre vanidoso desee verse una y otra vez reflejado en sus tranquilas aguas, y decida no abandonar una tierra tan única como espectacular.