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Fundador - Viajero habitual
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Han bastado apenas diez años para borrar casi de un plumazo 400 años de colonialismo portugués. Al igual que de la iglesia de San Pablo tan sólo queda la fachada, de la colonia portuguesa tan sólo quedan sus nombres y su tez morena. Pasear por sus calles es vivir una ensoñación. Aún quedan edificios coloniales, restos del mestizaje europeo, vestigios de la decadencia del barrio alto de Lisboa. Pero tan sólo se intuye, pues todo a sido emborronado con colosos casinos y horribles rehabilitaciones y construcciones de hormigón al más puro estilo chino. Es el único territorio chino dónde el juego es legal. A la llamada del juego y dinero no sólo han acudido los ricos habitantes de Hong Kong sino también los nuevos ricos de la irreconocible China. Hábidos de negocios y diversión los casinos crecen como setas en un otoño lluvioso. Macao era un bella dama que había sido transformada por su nuevo marido. Macao a pesar de estar habitada por portugueses de ojos rasgasdos era demasiado china.
El día anterior habíamos comprado los billetes del ferry que une el muelle Harbour City con la ciudad de Macao, a poco más de una hora de navegación por 300$HK ida y vuelta.
Nuestra intención era partir a las 8:30 de la mañana y regresar para las 19:30. Había que estar en los muelles 30´antes de la salida para los trámites de la aduana. Gracias a un nuevo pasadizo que descubrimos en una galería comercial, el viaje desde el albergue hasta el ferry fue rápido sin tener que esperar semáforos. Cuando llegamos estaban embarcando las personas de las 8. La frecuencia era cada 30´. Nos ofertaron la posibilidad de tomar éste en vez de esperar, así que para las 8 ya estábamos navegando dirección Macao.
67km más tarde nos encontrábamos en un nuevo puesto fronterizo así que nuevo sello para el pasaporte. Aunque habíamos oído hablar mucho de Macao lo cierto es que nos decepcionó. No sabíamos si consecuencia del reciente nombramiento, por parte de la UNESCO, como patrimonio de la humanidad, pero lo cierto es que toda la ciudad estaba patas arriba por las obras. A la masiva construcción de nuevos casinos en la línea de costa, se sumaba las nuevas canalizaciones y reacondicionamientos de toda la estructura suburbana de la ciudad.
Al igual que al callejear por HK se tiene la sensación de hacerlo por Londres, en Macao parece que el salto se realiza hasta las calles del barrio alto de Lisboa. De alguna manera Macao es la hermana pequeña de las ex-colonias pero es atrayente la chocante mezcla entre cultura china y lusa. No solo por sus edificios coloniales, sino también por su genuino adoquinado típicamente portugués. Tan similar es a Lisboa que también se adorna con interminables cuestas, y al igual que su madre rezuma un cierto aire decadente atrayente. Pero esperábamos una ciudad más amable y más histórica. Nos encontramos una ciudad sucia y caótica. Demasiado china. La comida era deliciosa y pudimos probar dulces que nos recordaban mucho a los nuestros. ¡Que morriña...!