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Fundador - Viajero habitual
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Otra noche de mal dormir nos tenía levantados a las 7 de la mañana, así que para las 8, y tras desayunar "bollería china" estábamos de camino hacia los bancales de arroz del Espinazo del Dragón. El autobús que tomamos nos indicaba que no subía a Ping´an, sino que se dirigía a Jingkenin, pero siguiendo los consejos de la Lonely sabíamos que había un atajo desde la carretera que se cubría en 30´.
Pagamos los 5Y por barba por llevarnos al pueblo de Huanglo, a medio camino. Como era de esperar realizó un recorrido por Longsheng para intentar llenar al minibús. Cuando ya estuvo petado iniciamos el recorrido hacia los bancales. A 13km llegamos al pueblo de Heping donde el autobús entró para descargar pasajeros, como nadie subía y sólo quedábamos tres pasajeros en el minibús, pararon a otro que se dirigía a Dazhai, poblado que se encuentra más allá de los bancales, para economizar gastos. Con cara de circunstancias nos sentamos entre un grupo de colegiales de unos 14 años, que ante nuestra exótica presencia no dejaban de reirse y dar grititos hasta que finalmente una de ellas se atrevió a entablar conversación. Fue entonces cuando el resto se animó y nos rodearon y nos abasallaron a preguntas en inglés. Intentando sobrellevar el acoso lo mejor posible proseguimos viaje, el autobús hizo un alto en la carretera para que pudiéramos comprar los tickets que dan derecho a la entrada a los bancales por 50Y. Poco después de pasar Huanglo y frente a un puente colgante de madera el autobús nos dejó en la carretera.
Cogimos la mochila y nos dispusimos a tomar el "atajo" hasta Ping´an. Había tres caminos, por tanto un 33% de acierto, que en nuestro caso se transformó en un 0% pues tras ascender 15´y empapados de sudor tuvimos que darnos la vuelta porque el camino conducía a ningún lado. Volvimos a bajar de nuevo a la carretera y un lugareño nos indicó el camino correcto y el tiempo de ascenso, una hora nos dijo él, dos horas calculamos nosotros viendo la altura del monte al que debíamos subir, puesto que el cuello no nos daba para mirar tan arriba. Así que pusimos las mochilas en el suelo y nos dispusimos a esperar a que algún vehículo que pasara fuera dirección Ping´an. Era muy temprano así que las visitas guiadas aún no habían comenzado a subir, y los pocos vehículos que pasaban no iban a Ping´an. Finalmente tras 45´ de espera pasó el único autobús que sube a Ping´an y que tienen cinco salidas al día (7:40, 9:30, 11:00, 13:00 y 15:00), dos autobuses con matrícula H50851 y H50440 y que indican claramente que se dirigen a las terrazas de Lonji. Nos cobraron 3Y, el viaje completo son 6´5Y, y procedimos a ascender por una infernal carretera, no apto para cardiacos, que salva los 800m de desnivel en excasos 5km.
Es un pueblo anclado en las empinadas faldas de una montaña, y que carece de cualquier medio de tracción que no sean unas musculosas y fibrosas piernas. El autobús te deja en un aparcamiento habilitado a un 1km del pueblo puesto que no es posible seguir ascendiendo. Allí se apostan numerosas mujeres Yao que se ofrecen a llevar tus mochilas por un irrisorio precio. Nosotros no aceptamos, ya que aún sabiendo que es su medio de vida, muchas de las mujeres que allí estaban eran de la edad de nuestras madre, y de una envergadura inferior a la de las mochilas que debía portar. Nos avergonzaría la situación así que cargamos con ellas. También tienes la posibilidad de que te suban en un palanquín muy cómodo pero un poco denigrante a nuestro entender. Aunque es su forma de vida no hubiéramos estado cómodos allí subidos. Y eso que la ascensión por las escaleras de piedra hasta el inicio del pueblo es verdaderamente agotador y muy costoso cargando las mochilas.
Aunque hay hoteles situados en un emplazamiento ideal y que ofrecen desde sus terrazas una vista estupenda de los bancales, nosotros nos decantamos por uno situado en la base del pueblo, básicamente porque estaba, vacío, limpio y a un precio más que razonable: 10Y. El alojamiento en Ping´an es muy abundante, y como los visitantes suelen hacer excursiones de un día no suele haber problemas de hospedaje. También es variado y de todos los precios, en general, cuanto más arriba más caro. Los lugareños transportan absolutamente todo encima de sus espaldas, así que ver a ancianos andar por sus callejuelas es abrumador. Sus espaldas están extremadamente curvadas tras años de carga. Las toneladas acumuladas a sus espaldas a lo largo de su vida terminan haciendo mella en sus cuerpos, que se transforman en grotescas formas. Con las piernas permanentemente semiflexionadas, la espalda encorvada y echada hacia adelante, y sus hombros deformes dan una idea de la vida tan dura que han llevado. Aunque ciertamente no logramos entender porque no ha introducido animales de carga como burros, suponemos que su razón habrá.