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CHINA, la insoportable levedad de Xian

[Gortxu y Ra]

Gortxu y Ra

[*][*] Fundador - Viajero habitual

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Datos del viaje

Xian se muestra como una ciudad prescindible dentro de un viaje a China, y sin embargo esencial en su historia. Es una ciudad más, dentro de las miles de insulsas ciudades chinas que se pueden encontrar a lo largo de todo su territorio. Y es la profusión de estas ciudades chinas lo que la hace insoportable, pues, a pesar de no tener que serlo lo es tanto como el resto de ciudades.

Eran las 8 de la mañana cuando llegamos a Xian. El sol ya calentaba la explanada de la estación de tren. Habíamos hecho la reserva por internet en el hotel Ludao, así a nuestra llegada un cartel nos reclamaba. El hotel no dista más de 5´andando y por 45Y te ofrece una cama compartida en dormitorio de 6, con unas pequeñas taquilla de 30 litros y unos baños y duchas, que aunque limpios eran claramente insuficientes en número como para cubrir toda la demanda de la planta. Tras dejar las mochilas fuimos a comprar el billete del tren con destino a nuestra siguiente ciudad, Kunming, con tiempo más que suficiente pues sabíamos que los asientos volaban. Bueno, es una metáfora claro, porque el tren tarda 36 horas en llegar. La litera blanda costaba 276Y, sin embargo, ya sólo quedaban asientos duros por 210Y. Las taquillas se hallan en la parte derecha del edificio de la estación, y las taquillas 4 y 10 atienden en inglés. Solo el hecho de tocar los billetes con las manos nos supuso dolor de espalda, ¡36 horas de viaje!

Autobus 306

Era el momento de buscar el autobús 306 que nos llevaría a los Guerreros de Terracota, única razón para visitar esta ciudad china. Se ofertan numerosas excursiones organizadas, el principal problema, además del precio, es que de camino a Terracota existen otras tumbas de emperadores menores, cuyas tumbas son bastantes mediocres y carentes de interés pero que son recorridas una tras otra hasta llegar a la de los guerreros. Total que para cuando llegas ya ha pasado casi todo el día y apenas tienes una hora para visitar la tumba que realmente te interesa.

Bastaba hacer con los dedos los números tres, cero y seis, al modo chino, para que te entendieran a la perfección....pero nosotros no. Habitualmente cuando un chino te manda a un sitio sólo tiene dos gestos: recto y torcer, lo de izquierda o derecha es más complicado que te indique bien, todo ello acompañado de la palabra "unhugoa", es decir un vocablo gutural ininteligible. Así que íbamos a un extremo de la explanada de la estación y nos mandaban al otro, y luego a otro y luego al principio. Así andábamos un poco cabreados a modo de bolas de billar rebotando sinfin, cuando en una de esas excursiones de extremo a extremo, nos topamos con un enorme cartel anunciador de tres metros de alto que advertía en chino e inglés, y con una inmensa fotografía de los guerreros, que ese era el sitio donde se tomaba el autobús 306. La parada se encuentra en el lado opuesto al reloj de la estación, pasando la muralla junto al Hotel Melody que es también desde donde salen los autobuses al aeropuerto.

Todas las indicaciones que habíamos recibido habían sido toscas, secas y rudas. Aquí llegamos a otro de los temas foreros por excelencia: ¿Son realmente los chinos unos bordes?. Lo justo sería decir no tanto. Es decir, no es que sean la alegría de la huerta, y desde luego si se comparan con sus vecinos del sur son unas auténticas setas. Pero la verdad es que tal desagradable impresión tiene un gran componente subjetivo y cultural. El sonido de su lengua a nuestros oídos nos resulta tosco y cortante, sus expresiones serias y marcadas son debidas a nuestra interpretación de la fisionomía de su cara. Si pusieramos juntos a un chino y a un birmano sonriendo posiblemente pensásemos que la sonrisa del chino es forzada mientras que la del birmano es sincera, y no tendría porque coincidir con la realidad, tan solo que nuestra mente reinterpreta lo que le parece ver, una sonrisa birmana está más cerca de nuestro ideal de sonrisa que la china. Si actúas como mero espectador en la vida cotidiana de ellos, te das cuenta de que desde nuestra perspectiva parece que cuando hablan lo hacen enfadados y discutiendo, cuando probablemente tan solo estén hablando del tiempo. Eso no exime a los bordes que normalmente se encuentran detrás de un mostrador, y más frecuentemente de organismos institucionales, en ese caso eso es otro cantar. Demuestran un nulo interés por ayudarte. En cierta forma nos recuendan a los países del este de Europa, donde conseguir billetes de tren o autobús suponía tener que soportar los improperios y desaires de un funcionariado no muy contento con su situación. Pero lo cierto es que en el día a día los chinos son "corteses" e intentan ayudarte, más si te diriges a ellos con alguna frase aislada en chino, entonces muertos de la risa y curiosidad se desviviran por conocerte.

Guerreros de Terracota

Tras abonar los 7Y del billete de autobús y 45´de trayecto llegamos a los archiconocidos guerreros de terracota. No sabemos si es porque los hemos visto en innumerables imágenes o por su forma de exposición, pero lo cierto es que nos decepcionó un poco. El recinto exterior con sus jardines y pabellones es de lo mejorcito de China, los accesos, las explicaciones y señalizaciones están muy logradas, sin embargo su alto precio 100Y y la presentación e iluminación de los enterramientos, museo ... no llega a impactar. No dudamos de su innegable importancia histórica, pero quizás no merezca mucho la pena ir hasta Xian si para ello debes desviarte de tu ruta. Una pena que el enclave nos dejara tan indiferente pero a veces ocurren estas cosas.

Para volver a la ciudad tienes la posibilidad de esperar al 306 o bien bajar en alguno de los numerosos minibuses que retornan a Xian tras dejar pasajeros. El precio es el mismo, la frecuencia mayor, pero el problema es que va haciendo paradas continuamente por los alrededores hasta que se llena, por lo que el viaje puede hacerse un poco largo. Aunque si tienes la suerte de que se llene desde el principio es mucho más rápido.

Ya en el hotel nos planteamos la posibilidad de ir a Lijiang en avión puesto que el tren nos retrasaría mucho. En Beijing ya habíamos probado tantear los precios y nos salía por unos 1970Y (unos 200€) cada uno, nos desajustaba el presupuesto. Pero lo volvimos a intentar en el propio hotel. Sabíamos que el primer y último vuelo de la tarde siempre son más baratos, así que preguntamos por el último avión a Kumming y el primero al siguiente día a Lijiang y así pasar la noche en el aeropuerto. El precio era de 1200Y cada uno así que decidimos cogerlos. Mientras esperábamos a recogerlos, tardan una hora en emitirlos, conocimos a un barcelonés que estaba haciendo un viaje en bicicleta de un mes de duración por el centro del país en solitario.

Día de la cerveza

La charla derivó en cena, y la cena en una copa. Tuvimos la suerte de que en el parque de la ciudad se celebraba la fiesta anual de la cerveza. Amparados por la música en directo de un grupo de rock, miles de "xianganeses" cenaban y bebían en chiringuitos improvisados. Lo cierto es que el ambiente era tan agradable y pegadizo que dejamos de ser meros espectadores para participar en el jolgorio. Así que armados de jarras retornables con tapón y de 5 litros nos dispusimos a disfrutar de la noche, al fin y al cabo no todos los días se puede asistir a un concierto de rock en chino, y lo cierto es que no sonaban mal. Una vez finalizado el concierto la mayoría de la gente marchó, a nosotros aún nos quedaba abundante cerveza así que proseguimos la charla. Mientras hablábamos un lugareño se nos acercó, botella de cerveza en mano (650cc), y nos indujo a brindar con él. Brindis en chino y vaso de cerveza de un trago. Le debimos parecer graciosos pues tras un eructo, ¿quizás una muestra de respeto hacia los invitados?, nos obligó a cada uno a realizar un brindis. Por un momento temí que los cuatro vasos de cerveza seguidos produjeran un efecto desastroso en mi integridad, y terminara subido al escenario para hacer una versión dance de alguna canción de Rocio Jurado.Tras las consabidas palmaditas en la espalda volvió a su mesa. Pero al poco se acercó una camarera botella en mano diciéndonos que nos invitaba "nuestro amigo". Por cortesía, ya que estábamos a reventar, nos acercamos a su mesa y de nuevo brindamos con él y sus amigos. Ya se sabe que el alcohol hace extrañas parejas así que a base de gestos y alguna palabra que otra palabra suelta en chininglish pudimos echarnos unas risas.

Dedicamos el día a visitar la ciudad de Xian. Lo más característico de la ciudad es su imponente muralla, la Torre Campana y Torre Tambor vestigios del pasado imperial chino, común en la mayoría de las ciudades. Intercalando entre monumento y monumento aprovechábamos los numerosos centro comerciales para refrescarnos un poco con el aire acondicionado y hacer uso de los "toiletes", ya que estos están ligeramente más limpios que la media.

Tras comer dimos una vuelta por el barrio musulmán lleno de puestos callejeros donde predominaban la venta de dulces a base de miel y almendras. A pesar de ser un barrio musulmán eran pocas las cabezas cubiertas con pañuelo y aunque había numerosos puestos de artesanía estos no diferían mucho de los del resto de la ciudad. Ya a la tarde nos dirigimos al hotel Melody desde donde salía el autobús al aeropuerto. Tras 60´ de trayecto llegamos al moderno y funcional aeropuerto de Xian.

El vuelo partía a las 20:20 h y tras dos horas de un movido y turbulento viaje entre tormentas llegamos a Kunming a la hora prevista. Como al día siguiente el vuelo de Lijinag salía a las 7 de la mañana nos quedamos en la guest house del aeropuerto por 120Y la doble con baño. Guiados por una histérica azafata, cuyo exceso de energía la consumía dejándole al flor de piel sus músculos y venas, subimos los 6 pisos andando y dormimos apenas 5 horas.

Galería fotográfica

[Guerreros de Terracota] Guerreros de Terracota
[Torre Tambor] Torre Tambor
[A salvo de ladrones] A salvo de ladrones
[Torre Campana] Torre Campana
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