VIAMEDIUS. Relatos de viajeros como tu

CHINA. Beijing, el dragón bajo la escavadora

[Gortxu y Ra]

Gortxu y Ra

[*][*] Fundador - Viajero habitual

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Datos del viaje

Cuando el viajero se acerca a la capital de un país milenario, y uno de los más emergentes del mundo, espera encontrar una dicotomía entre modernidad y tradición, y sin embargo no encuentra ni lo uno ni lo otro. Quizás por que Beijing nunca estuvo llamada a ser capital de un imperio, pues está alejada del mar o algún río importante, su ubicación no es céntrica ni sus tierras especialmente fértiles, aún así Beijing lleva siglos ostentando la capitalidad de un gran país posiblemente por su posición privilegiada para la defensa.
Beijing es, lo que no estuvo predestinada a ser y a la vez es víctima de lo que es, quizás sea esta la razón por la que no cumple las expectativas del viajero, y menos hoy en día.

Estábamos en China.

Tras 10 horas de cómodo vuelo gracias a las drogas, aterrizábamos sin incidencias. El calor azotaba y sin embargo el sol no asomaba entre la espesa niebla. Pasamos los controles de rigor, donde siempre nos imaginábamos siendo detenidos. Nos dispusimos a esperar frente a la cinta sin fin a que nuestras mochilas fuera escupidas. Tras escasos 30 segundos asomaron junto con los primeros bultos. ¡El viaje empezaba redondo!. Nos acercamos a la puerta de salida a través de un sobrio y monótono pasillo, las puertas se abrieron y tras ellas decenas de ojos rasgados nos escudriñaron. Eran caras más serias que en el Sudeste asiático. Serios y poco expresivos.

Recorrimos el pasillo acotado por una barandilla de acero hasta el hall principal del aeropuerto. Allí sacamos los primeros 2000Y en el cajero del Banco Chino Agrícola (es el máximo que te deja sacar al día) con una comisión de 1 €. Tras driblar a varios taxistas, como en un campo de rugby, salimos al exterior de la terminal para llegar al mostrador claramente indicado del autobús del aeropuerto. Nuestros mayores temores con el idioma de momento no se habían hecho realidad. De las 4 líneas del autobús optamos por la número 2 que nos dejaba cerca de la parada de metro Xidan en el centro urbano a tan sólo 1`5Km de Tiananmen, y a la misma distancia del albergue.

Pagados los 16Y del billete subimos al autobús cuando casi comenzaba a andar. Tras 45`de viaje comenzamos a asimilar lo que suponía Beijing y China en general: la superpoblación era bestial. 13.000.000 de almas se afanaban por moverse en una ciudad que tan sólo dispone de 2 líneas de metro, pero también la mayor concentración de bicicletas del mundo. Ya en la parada de Xidan, esperaban varios taxis. Sabiendo de antemano que el inglés apenas era hablado ni entendido en China, habíamos impreso el nombre del albergue y su dirección en caracteres chinos. Ya lo aconsejaban todas las guías, lo que no especifican es que su tamaño debe ser GIGANTE, pues no sabemos porque causa los chinos, y más acusadamente los taxistas, son de una agudeza visual muy limitada, y padecen una presbicia supina. Así dos de ellos fueron incapaces de leerlo. Finalmente se acercó otro hombre (taxista alegal) que nos leyó la dirección y nos condujo al hostal por 20Y (era demasiado caro pero aún no habíamos desarrollado y desempolvado la habilidad del regateo). El Far East Hotel es un albergue juvenil en su planta baja (Hotel en las superiores) que está muy limpio y recientemente remodelado con gusto, algo extraño en China. Además permite las reservas por internet. La espaciosa habitación disponía de tres literas con amplias taquillas (donde entraba holgadamente una mochila de 60L) y una mesa con sillas. Todo ello por 60Y la noche. Existen otras opciones más baratas, sin embargo muchas de ellas no disponen de páginas web bilingües donde puedas bajarte su nombre en Chino. Total para ahorrarte 1 €, que es el que luego te timarán en el primer puesto callejero al comprar comida o agua.

Lo primero era coger el billete de tren de Beijing a Xian pues es una línea de alta ocupación y suele ser necesario cogerlo con varios días de antelación. Existían dos caminos para llegar, el fácil a través de las avenidas principales, y el difícil atravesando el hutong. Evidentemente nos decantamos por este último.

Pasear por los Hutong es vivir el Beijing auténtico. Un estilo de ciudad con sus días contados, y que de seguro, se verá fagocitado por las moles de hormigón. Realmente es un drama social e histórico la destrucción de los hutong, sin embargo, hemos de asumir que es un modelo insostenible hoy en día, y que requiere de una fortísima inversión para su adecuación y mantenimiento a los estandares actuales. La estructura básica de los hutong ha permanecido inalterable a lo largo de los siglos, de hecho recorrerlos no es apto para milindris ni escrupulosos, ya que la suciedad campa a sus anchas. Su complejo laberinto de callejuelas abarca desde calles por donde puede circular un coche, hasta verdaderos pasadizos por donde apenas puede andar una persona. Aquí y acullá se encuentran urinarios públicos ya que los hutong carecen de saneamiento propio. Son fácilmente reconocibles por sus paredes grises, sus letreros en inglés y chino y por su pestilente olor.

Y hemos dado con el tema de los urinarios chinos, que ha llenado páginas y páginas de foros viajeros. ¿Es todo real lo que se lee en esos foros? Desgraciadamente hemos de decir que sí. Pero este tema no es apto para todos los públicos así que merece un enlace a parte.

En nuestro deambular por las callejuelas pudimos comprobar el día a día de una ciudad china. Los hutong son como microciudades. Al andar por sus callejones podemos ver qué es lo que comen, cómo se divierten, en qué trabajan, qué música les gusta....Numerosas cosas nos llamaron poderosamente la atención, como que muchos vivían en sus puestos de venta...o bien su vivienda se transformaba en una tienda, no sabemos que fue primero. Así no es infrecuente ver cualquier tipo de tienda (más las de alimentación) abiertas las 24 horas. Por la noche corren una cortina en la esquina de la tienda y montan un catre para dormir, en el mejor de los casos, pues también te los encuentras durmiendo directamente en el suelo tras el mostrador. Aquí el reciclaje es una forma de subsistencia y ancianos recorren la ciudad de papelera en papelera seleccionando el metal o el plástico. O incluso, esperan o te siguen pacientemente por la calle, a la espera de que termines tu botellín de agua o tu lata de refresco para pedírtela. Los pañales son un artículo de lujo y el acceso al agua a veces es limitado. Así que durante los primeros meses de vida el bebe será transportado por alguno de sus congéneres sentado entre sus antebrazos, de tal forma que las nalgas quedan al aire entre ellos. Suponemos que desarrollaran una habilidad especial para intuir el momento en el que el niño va a cagar pues se paran en la alcantarilla, papelera o jardincito más cercano para que allí se deposite tan preciado tesoro. Si están sentados a la puerta de casa, recurren a un sistema muy cómodo, poner el recogedor o papel debajo para que sea fácil deshacerse de ello . Cuando el niño ya anda, sus pantalones están descosidos en la unión de las perneras de tal forma que no es necesario que sepan desabrocharse, basta con ponerse de cuclillas, los pantalones se abrirán...¡y listo para plantar un pino!

Un sonido constante en las zonas más desfavorecidas serán los escupitajos. A pesar de la intensa campaña de concienciación emprendida por el gobierno para erradicar ésta costumbre, aún está muy arraigada. Así que es mejor acostumbrarse a ese carraspeo, acúmulo de saliva y su posterior sonido expulsivo. Por estos callejones también podemos disfrutar de los intensos olores a comida, de artesanos a pie de calle desempeñando su oficio, ya olvidados en occidente. Las verdaderas timbas a pie de calle que se montan entorno a cartas, o una especie de damas chinas. Si te ven tan solo un poco interesado, entre risas, te invitan a que te sientes con ellos y juegues. Al negar con la cabeza y sonreir conseguirás un estallido de carcajadas de los allí presentes. Paseando por los hutong puedes pasar de la admiración a la repugnancia sin cambiar de calle.

Habíamos llegado a la Estación Principal de Beijing, un auténtico hervidero de gente. Una vez más pudimos comprobar de primera mano el concepto de superpoblación. Aunque en diversas webs indican que hay una oficina para extranjeros en el interior del hall principal, desde la lejanía de la gran muchedumbre que se agolpaba en la entrada nos pareció que era imprescindible mostrar el billete para pasar, y como aquí las cosas cambian de un día para otro.....seguimos un cartel que indicaba "Ticket Hall" hacia la derecha de la estación. En el interior tres de las cuatro paredes estaban ocupadas por taquillas. Entre aquel bullicio era imposible aclararse, al igual que fue imposible que alguno de los trabajadores nos guiara. La indiferencia era absoluta. ¿Seriamos transparentes?. Afortunadamente una alma caritativa viendo nuestras caras desesperadas nos explico en "chininglis" que aquella zona era para trenes de salida inmediata, que debíamos salir a las taquillas dispuestas en el exterior. Así lo hicimos y tras esperar la cola, y a 10 chinos más que se colaron "by the face", la "amable" taquillera nos mandó hacia la izquierda, aunque más bien parecía que nos mandaba a la mierda. Todo eran gritos y aspavientos pero creímos entender: "No señores extranjeros, ésta no es la taquilla adecuada. Deben ir ustedes unas taquillas más allá, por favor, donde otra amable compañera les atenderá encantada, muchas gracias". Lo cierto es que luego nos enteramos que aquellas taquillas eran para los trenes de cercanías y que no podía sacarnos billetes de larga distancia, aunque quisieran.

Una hora más tarde nos encontrábamos bajo un cartel que indicaba "Billetes a todas las ciudades". Estampamos nuestro cuaderno-guía contra el cristal, donde a través de dibujos y caracteres chinos se indicaba el día de salida, el número de tren, y la ciudad (Xian) en chino. La taquillera comprobó que para aquel día era imposible, todos los trenes a Xian en los siguientes 3 días estaban ocupados, sólo quedaban literas blandas para el cuarto día. Resignados paganos los 400Y (el doble de lo presupuestado) y con un día de retraso. De sobra es conocido la dificultad para encontrar tren a Xian con pocos días de antelación.

En nuestro deambular por la ciudad terminamos en un bar tomando una "Tsingtao", la cerveza nacional aunque no la única, y que para los forofos de la Coronita o la cerveza con gaseosa será la delicia en 600ml, pues su sabor y suavidad es parecida. Allí conocimos a un valenciano que llevaba 20 años viviendo en China, y que nos aportó información muy útil e interesante del país, sobretodo para llegar a entender a sus ciudadanos. Estoicamente aguantó y contestó todas nuestras hitéricas preguntas de recién llegados, y nuestros oídos no dejan escarpar ni una sola de sus palabras, que nos ayudarían a entender un país tan diferente como éste.

El día siguiente amaneció muy brumoso y bastante caluroso. Era momento de visitar dos lugares emblemáticos en la historia del país: La Ciudad Prohibida y Tiananmen.

Tomamos el metro hasta allá (3Y). La excasa red de metro de Beijing constaba tan sólo de dos líneas, aunque hay muchas más construyéndose, a todas luces insuficientes. Su aspecto es bastante austero y desactualizado. La línea más reciente apenas tiene 10 años y parece que tenga 30. Lo peor es que la pésima calidad de la materia prima y la nula cualificación de sus trabajadores logra que cuando se inaugura algo, éste parezca ya obsoleto. El sistema de adquisición y entrega de billetes es demasiado burocrático, y usa personal innecesario. Actualmente existe también la posibilidad de comprar una tarjeta "sin contacto" con un chip, aunque por lo que pudimos ver da bastantes problemas con el lector, y la ventanilla de recarga y atención al público estaba siempre abarrotada de gente. A pesar de todo el metro se muestra como un sistema de transporte resolutivo y sencillo frente al autobús. Durante un viaje en metro debes estar dispuesto a ser palmeado con energía en la espalda, por una adorable anciana insistiendo en que entres rápidamente en el vagón pese a que aún esté saliendo gente, o a compartir el olor a comida de tu compañero de asiento, o esquivar con destreza las uñas que saltan al ser cortada por la señora que tienes frente a ti mientras se hace la manicura en marcha, sin ningún pudor pero con enorme destreza pese al movimiento del metro.

Llegamos a Tiananmen que pese a ser la plaza más grande del mundo mengua mucho cuando la niebla se cierne sobre ella pues no ves a más de 10 metros. Sin embargo, ésta era incapaz de ocultar la larga fila de miles y miles de personas que diariamente, aún hoy, se atreven a esperar más de una hora para ver la momia de su líder muerto apenas durante dos segundos. Como una culebra, las miles de personas serpentean entre el mausoleo y la Puerta Principal (en obras de restauración), dirigidos diligentemente por varias personas megáfono en mano que ponen orden y concierto en tan majestuosa conga. De nuevo la amenaza de la superpoblación nos acechaba. Miles y miles de turistas chinos en grupúsculos recorrían la plaza de aquí allá siguiendo ciegamente la banderita multicolor que sostenía su guía particular, al igual que los polluelos siguen las patas de su madre. La guía, altavoz en mano, disertaba sobre cada uno de los monumentos que veían. Estos grupos organizados de turismo chino son omnipresentes en cualquier lugar de China por muy alejado que esté. Y claro, allí donde hay turistas hay tiendas de souvenirs con mayor o menor gusto. Otro fenómeno, único de China, y que puedes disfrutar en Tiananmen es el síndrome del "cazador cazado", y es que te abordan, entre risas nerviosas, lugareños pidiéndote, por favor, que te dejes fotografiar junto a ellos. Podrás sentir el peso de la fama, pues sorprenderás frecuentemente a chinos fotografiándote desde la lejanía. Todo esto te hace sentir muy cerca del difunto Copito de Nieve. Otros tantos se acercan a ti con la intención de practicar inglés. Te abordan con el manido: "Hello, Where are you from?". Aunque en nuestro caso pincharon en hueso pues a menudo su inglés era mejor que el nuestro. Tras admirar entre la nieblina los sobrios y racionalistas edificios del Parlamento y Museo, claros ejemplos de arquitectura comunista, nos acercamos al norte de la plaza donde se ubica la Ciudad Prohibida.

El complejo es ciertamente majestuoso. El acceso a través de la Puerta de la Paz Celestial con el malogrado retrato de Mao nos hace sentir estar en un lugar ya conocido, por haberlo visto tantas veces por Tv. Y especialmente en los trágicos disturbios de 1989 que dejaron bien a las claras el talante represor, totalitario y dictatorial del partido comunista chino. El retrato de Mao, personaje tan venerado como odiado, se encuentra sobre el fondo rojo del muro de contención, que se constituye como la base de la puerta. Muchos verán en ello una simbólica simbiosis de Mao con el comunismo, otros, la sangre que Mao dejó tras de si, con su controvertida revolución cultural.

Dejando atrás vicisitudes políticas nos es fácil imaginar el sentimiento de insignificancia que debían experimentar propios y extraños al acercarse a las puertas de la Ciudad Prohibida. Todo en ella es majestuoso. La afluencia de turismo chino sigue siendo abrumador y en todo momento nos encontramos rodeados de decenas de grupos que disparan sus cámaras a diestro y siniestro. ¡Maldita sea la invención de la cámara digital!. Pues si ya era peligroso un chino con una réflex, con una digital se transforma en un franco tirador masivo.

La entrada cuesta 90Y y desde luego aconsejamos hacer todo lo contrario a lo que hicimos. Los primero que hay que hacer es madrugar mucho (así evitareís las aglomeraciones, aunque ni de coña penséis que vais a estar solos) y segundo visitar primero la Ciudad Prohibida y después Tiananmen que siempre es más cómoda de ver entre millones de turistas.

La niebla ocultaba la vista general, además la cercanía de los JJOO obligaba a mantener parte de la ciudad (entre ellos el templo principal) bajo los andamios para lucir su mejor cara ante los millones de visitantes que se esperan para 2008. Intentar sacarse una foto en soledad es absolutamente imposible, por no hablar de la capacidad innata de los chinos de aparecer en los momentos más inoportunos. ¿Que llevas una hora apostado para sacar una foto en donde no aparezca nadie, en un callejón apartado y solitario de la Ciudad Prohibida? Pues en el instante preciso saldrá un chino, no sabes muy bien ni cómo ni por dónde, para estropeártela. ¿Que has conseguido acercarte hasta la balaustrada para sacar una foto panorámica? Pues un chino con su hijo a cuestas te empujará amablemente para colocarse él. Y si no puede desplazarte porque has anclado tus uñas al suelo, lanzará la mano armada de su cámara para sacar su foto, y tú cuando llegues a casa podrás admirar lo bonito que queda su reloj en la tuya. Si te acercas hacia alguna esquina buscando un ángulo "inédito" para tus fotos procura que no te vea ningún chino, porque en caso contrario serás rodeado inmediatamente por varios de ellos buscando el mismo ángulo.

Parte de la ciudad "ha sufrido" un proceso de restauración al estilo chino, es decir a medias, se restaura la parte frontal que se ve, y se deja tal cual la interior que no se ve. ¡ Eso o buscan que nos demos cuenta de lo mal que se encontraba el edificio antes de la restauración !. La visita a la ciudad es agotadora. Sus dimensiones son enormes y si se quiere visitar concienzudamente se precisa de todo el horario de apertura. Pagando 10Y adicionales se puede ver una exposición de relojes y cronómetros que tanto gustaban a los emperadores. Es la única zona del recorrido donde apenas hay gente, así que nos sirvió como terapia desintoxicativa.

Salimos por la puerta norte para ascender por el Jardín de la Colina de las Vistas (2´5Y) y así contemplar la panorámica aérea de la ciudad desde la cumbre. La puerta de acceso estaba andamiada. A lo largo de las ascensión hay varios templetes es los cuales descansar y disfrutar de las vistas....¡siempre y cuando no estén vallados por reformas!. Seguimos la ascensión en busca de la foto cuando nos encontramos con una enorme valla azul que impide el acceso a la cima, pues todo está en restauración. Total 5Y malgastados, mucho esfuerzo perdido y un poco cabreados porque en la taquilla no advertían nada....al menos en inglés.


Un día más la mezcla de contaminación y bruma apenas dejaba vislumbrar la silueta del sol en el sucio techo atmosférico de Beijing. Aquella mañana teníamos la sana intención de visitar la Gran Muralla China.

Debíamos acudir a la estación de autobuses de Dongzhimen, para tomar el autobús 906 con destino a Miyun. A las 8:00 de la mañana con más sueño que vergüenza, desayunamos una especie de "Kebah chino" y así anduvimos los 1´5km que distaba el albergue de la estación de metro de Hepingmen. Tras 17´ de trayecto nos bajamos en Dongzhimen. La salida a la estación de autobuses está bien marcada, pero cuando llegas a la superficie lo haces a una entrecruzijada de grandes avenidas y subavenidas, donde es muy difícil orientarse aún mapa en mano, afortunadamente los cursos de verano intensivos de "boyscaut" nos ayudaron. Eso, y seguir al gentío cargado de bolsas y maletas que se dirigían calle abajo. Tras 500m comenzamos a ver a la izquierda decenas de paradas de trolebuses, autobuses urbanos, taxis e interurbanos. Todo ello ordenado con el caótico estilo chino. No lográbamos localizar el autobús 906 así que preguntando nos indicaron que cogiéramos el 980. Un moderno interurbano de 50 plazas con aire acondicionado. No estábamos seguros de hacer lo adecuado, pues quien nos guiaba parecía un poco despistado y bastante pasota, subimos con la impresión de que el paisano quería desprenderse de nosotros.

Ya en marcha pasó la cobradora, sacando nuestra guía casera le indicamos en caracteres chino la palabra "Simatai" y le dimos 100Y, ella a cambio nos dió dos billetes, con algo que garabateó en el reverso, y ni una sonrisa. Algo no andaba bien, supuestamente el costo del billete eran 8Y cada uno, por 50Y y haciendo una simple regla de tres, suponía que este autobús nos llevaría a "tomar por culo". ¿Nos habíamos equivocado de autobús? Lo cierto es que daba la impresión de ser un autobús de larga distancia. Bastante acojonados observábamos como la gente le daba 20Y y le devolvía cambios. ¿Habría decidido hacer negocio la cobradora a costa de unos estúpidos e ingenuos turistas occidentales? ¿Le regalaríamos sin saberlo un par de zapatos nuevos? Cuando ya estábamos practicando en nuestro particular chino como decir ¿Cuanto cuesta y a dónde va el autobus?. Se acercó la cobradora y nos pidió los billetes, leyó lo que había escrito detrás y nos devolvió 70Y. Ciertamente no entendimos nada, pues para cambios tenía de sobra desde el principio, pero decidimos no darle más vueltas, aquello era China y las cosas eran distintas. Posteriormente supimos que el 906 es un autobús tipo urbano sin aire acondicionado y que costaba 10Y frente a los 15 que costaba este. La diferencia de dinero compensa pues el viaje dura 2 horas y se agradece la amplitud de los asientos y sobre todo el aire.

Estábamos en Miyun aunque no sabíamos en que parada bajarnos pues la ciudad, como todas las chinas, era enorme. No hubo problema la cobradora nos indicó la parada. Al bajarnos había varios coches esperando para hacer de taxis hasta Simatai. Éramos los únicos turistas que habíamos bajado así que jugábamos en nuestro campo. Nos pedían 260Y por ir en una destartalada furgoneta a todas luces peligrosa y alegal. Finalmente lo sacamos por 140Y en una vanette nueva, tras discutir, simular enfado y amago de marcharnos andando en busca de otros taxis. Y podríamos haberlo sacado más barato pero tampoco compensaba seguir discutiendo por 1 o 2 euros de diferencia, que ¡ el tiempo también es oro !. Una hora es suficiente para recorrer los 50 km de carretera montañosa que separa ambos enclaves. Por el camino paramos para comprar una especie de crepes rellenos que nos dió fuerza para enfrentarnos a la Gran Muralla .

El cielo encapotado, la humedad abundante y la vegetación hacían que la temperatura se disparase a límites insoportables. Eran las 12 del mediodía y acordamos con el taxista que nos recogiera a las 5 de la tarde. Compramos las entradas (40Y), y según nos acercábamos a los tornos de la entrada visitamos el cutre-museo chino de la muralla que carece de todo interés. Veíamos las caras desencajadas, sofocadas y sudorosas de los que descendían tras la visita, así que nos preparamos psicológicamente para sufrir el clima chino.

La muralla se divide en dos áreas, la izquierda que se dirige hacia Jinshanling, y la derecha formada por 19 torres a lo largo de un par de kilómetros, pero intransitable a partir de la número 14. Desde la entrada hasta la muralla propiamente dicha hay un camino de unos 1500m que sirve para que los cazaturistas te atosiguen con sus artículos de calidad sospechosa. Éste camino te prepara para ver uno de los más impresionantes monumentos construidos por el hombre. Una visión única si el tiempo lo permite que en nuestro caso no fue así. Al menos para nosotros lo más espectacular de la muralla es verla serpentear entre las crestas de las montañas, que como el cuerpo alargado de un inmenso dragón surcan el terreno. Pero el tiempo de aquel día solo permitía una visibilidad de apenas 1 km, a partir de ahí todo era niebla y contaminación. En cualquier caso lo poco que veíamos era suficiente como para admirar la magnificencia de esta construcción.

La principal singularidad del tramo de Simatai son sus muros interiorres de obstrucción, que no son más que torres dentro de la muralla que impedían el paso del enemigo que ocasionalmente pudiera haber ascendido a ella. Empleamos más de dos horas, y muchos litros de sudor quedaron sobre aquella piedras, para llegar a la torre 14. Afortunadamente el sol no pegaba de pleno porque sino la excursión hubiera sido extenuante. Existe la posibilidad de ir a Jinshanling. Nosotros hablamos con unos que lo había hecho, empleado 4h a paso majo. No se requiere una forma física especial aunque sí unos mínimos.

A lo largo del camino hay unos puestos que ofertan comida, helados y agua fresca, así como grupos de obreros que se dedican a tareas de conservación. Por lo que pudimos observar parte de la muralla más degradada va a ser reconstruida, al menos almenas y torres, esperemos que la reconstrucción no llegue al extremo de las áreas de Badaling y Mutianyu, pues allí parece más estar andando por Port Aventura que por un monumento histórico. Los 157km que separan a Simatai de Beijing, sus malas comunicaciones y lo pendiente de su muralla, la hacen poco atractiva para los touroperadores, y por tanto una oportunidad para los mochileros. Quizás en la muralla no hubieses más de 200 personas, y eso en concepto chino es "practicamente desierta". A última hora de la tarde conforme descendíamos apenas quedábamos 8 personas en la muralla. Paz, silencio y sobrecogimiento absoluto pues.

El ascenso requiere cierto esfuerzo pues sus minúsculos escalones obliga a ir pasito a pasito, por no hablar de las empinadas rampas que suponemos que impracticables en días de lluvia. Al final de la tarde se levantó parte de la niebla por la acción del viento lo que permitió mejorar la visibilidad sobretodo del fondo del valle. Entonces se hace consciente el ingente esfuerzo que tuvo que suponer ascender todo el material hasta las afiladas crestas de la montañas, que en muchas zonas son tan finas como la de una navaja. Una megalomaniaca estructura irrepetible. En ese momento se entiende la expresión "un trabajo de chinos". Merece la pena llegar hasta la última torre pues desde ella se puede ver cómo la muralla semiderruida continua su larga marcha allende las montañas. El contraste entre piedra y vegetación es muy fotogénico. Los guardias allí apostados se brindan gustosos y sin pudor a ser sobornados para permitir pasar con ellos a la zona restringida. Sin embargo la ascensión parece bastante peligrosa, así que desistimos amablemente la invitación, ello se lamentaron, aquella tarde sólo sacarían el mísero sueldo del gobierno.

El descenso fue menos agotador aunque las rodillas se resintieran. El tramo final lo bajamos mediante tirolina (35Y). Aunque no muy emocionante, pues no se coge mucha velocidad, es una buena forma de despedirse de la muralla y una excelente alternativa al teleférico que vale lo mismo pero es más soso.

El último día en Beijing lo teníamos planeado para visitar el Palacio de Verano, sin embargo nos desaconsejaron la visita por estar sumergido en pleno proceso de restauración, con vista a los JJOO 2008, y prácticamente no había nada que el andamiaje dejara ver.

Ojeando la guía decidimos visitar el Templo del Cielo y el Templo Lama. Aquel día el calor apretaba de lo lindo desde primera hora. El sol escondido tras las perpetuas nubes de Beijing, se encargaba de recordarnos con su difuso contorno que aquel iba a ser un día muy caluroso y agotador. Como el parque donde se sitúan los templos distaba del albergue 2´5km decidimos dar un tranquilo paseo por las irregulares calles de Beijing y disfrutar así del ambiente urbano. La hora habitual de los lugareños para la comida son las 12 del mediodía, y aunque para nosotros en realidad suponía el desayuno, decidimos seguir las costumbres locales y entrar en un modesto restaurante. De vuelta a la calle, y como el calor era cada vez más intenso, nos pareció buena idea comprar un par de rodajas de melón a un vendedor ambulante, acabábamos de ver como un paisano compraba una hermosa y jugosa rodaja por el irrisorio precio de 0´5Y, sin embargo cuando fuimos nosotros, apenas 30´´ después, la inflación había subido tan bruscamente que el precio era ya de 1Y. Seguía siendo barato pero ¿porque esa costumbre de doble precio?. Argumentan que si no los precios son irrisorios para el extranjero, que nos aprovechamos de los paupérrimos costes de producción y que así mejoramos la economía. Doble falacia. Si los productos que consumimos como extrajeros, en el interior del país, son excesivamente baratos y duplican su precio, ¿porque no lo hacen con los productos que exportan a esos mismos países de donde proceden los extranjeros? ¿No son ellos entonces los que se aprovechan de los bajos costes de producción e inhundan el mercado con bajos precios? ¿Acaso no protestan ellos por los altos aranceles?. Además permitir el aumento indiscriminado de precios no hace sino aumentar la inflación del país, siendo los más perjudicados los ciudadanos cuyos ingresos no provienen del turismo. De hecho, uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la población de los países donde el turismo es emergente es la brutal inflación que el sector genera.

Lo cierto es que en China la sangría es constante, que al igual que las pirañas a pequeños mordiscos terminan dejando a la vaca en los huesos, las constantes tasas dejan temblando el bolsillo de los viajeros. Así tras pagar los 40Y de entrada al parque, nos pudimos aprovechar de la sombra que los inmensos árboles generaban en los bucólicos senderos y alamedas del recinto. Muchos pequineses, ¿o habrá que decir ahora beijineses?, disfrutan del parque paseando por sus caminos, como perfecto plan para disfrutar de los calurosos días de verano, aunque para ello tengan que abonar 15Y. De nuevo hordas de turistas chinos invadían el parque. Aunque siempre nos hacíamos promesas de madrugar, estirábamos tanto el día, que para cuando nos metíamos a la cama era ya tan tarde que nos era imposible madrugar, y así el círculo vicioso volvía a cerrarse. En definitiva para cuando llegábamos a los sitios el gentío ya había tomado el lugar. Como si de un ejército romano se tratara, los grupos formaban escuadrones y siguiendo su estandarte (paraguas o banderita del guía en su defecto) recorrían en estricta formación el recinto, siguiendo el altavoz con patas que les explicaba convenientemente todos y cada uno de los lugares que visitaban. Como si de un baile ensayado se tratara los miles de turistas se movían rítmicamente por el parque.

Llegamos al Altar Circular, una bella estructura geométrica en mármol blanco consagrada al número 9, el número del emperador. En el centro del altar se halla un círculo sobre el cual el otrora emperador realizaba sus rituales. Él lo realizaba en la estricta soledad que la ceremonia requería, pero hoy en día tratar de ponerse en el centro es harto difícil, cuando decenas de personas quieren hacer lo mismo. Así que allí había apretujados, sobre una chincheta de mármol de apenas un metro cuadrado, diez o más personas intentándose hacer una foto. Visto desde fuera es una auténtica locura. Aún así hemos de advertir al futuro viajero que este tipo de ejército se mueve en masa, y que afortunadamente la arquitectura china gusta de la simetría. Así mientras la parte del altar que da a la puerta de acceso está plagada de turistas, la contraria se encuentra semivacía.

El Muro del Eco se encontraba oculto tras el andamiaje, tal y como se advertía en la entrada, así que nos dirigimos al Quinian Dian. Recientemente restaurado ofrecía un aspecto soberbio bajo la intensa luz del cielo. Este bonito edificio está descansando sobre una terraza de mármol blanco de tres alturas con 4 ejes de escaleras que coinciden con los puntos cardinales. De nuevo las escaleras del norte (salida) y sur (entrada) estaban a rebosar de gente, pero las orientadas al este y oeste permitían sacar fotografías sin apenas probemas. Su reciente puesta a punto resalta aún más su majestuosidad, que no solo reside en sus dimensiones, 38 metros de alto por 30 de diámetro, sino también en su modo de construcción puesto que carece de un solo tornillo o clavo. Toda ella se sustenta por su propio peso. Los bellos e intensos colores, azul, bermellón, blanco, resplandecen, al igual que las escaleras y balaustrada de mármol blanco que lo rodea, que aunque no siendo tan espectacular como la del Altar Circular, ofrece un bello contraste con la colorida torre.

Los jardines se encuentran plagados de chinos, siendo imposible encontrar un banco a la sombra en el cual tomar un respiro. Sin embargo adentrándose en los jardines es posible encontrar un poco de paz, e incluso toparse con un grupo de ancianos realiza ejercicios de Thai-Chi al compás de una voluminosa solista cantando acompañada de un violín.

Tomamos el metro para acercanos hasta allí, pero para cuando llegamos ya era tarde, 17:30, y estaba cerrado. Así que dedicamos el resto de las horas de sol a pasear por una de las principales arterias de la ciudad, y así comprobar de primera mano como el capitalismo, puro y duro, se está introduciendo en la vida china.

Curiosamente, Beijing, a pesar de ser la capital aún se encuentra arraigada a las viejas costumbres socialistas y está siendo más refractaria al capitalismo que otras ciudades china, sobretodo las zonas cercanas a Hong Kong y Shanghai. Esta diferencia se hace palpable cuando se dialoga con un chino de Shanghai o Shenzen que toman al residente de Beijing como aldeano y atrasado. Mientras un pequinés hablará de los otros como ociosos, viciosos y egoístas. Cierto o no, lo real es que la juventud china de la ciudades más pujantes han renegado de todo su pasado y solo les preocupa el dinero y el status social. Se está creando una sociedad sin orígenes y valores. Así mientras en el resto del mundo se está viviendo un auge de la cultura oriental, nunca como hasta ahora ha interesado tanto, y las ciudades se llenan de centros de Thai-Chi, Rehiki, Fenshui....en la propia China esto se ignora en el mejor de los casos. Se calcula que un 15% de la población ha despertado del sueño de Mao, pero esta población se concentra en las ciudades, y más en el sur que en el norte del país. Muchos residentes extranjeros comienzan a comentar que es más fácil encontrar la verdadera cultura china, en los barrios chinos de países como Corea o Japón que en la propia China.

Sea por ese interés creciente de este desconocido gigante, o por su pujante economía, lo cierto es que cada vez es mayor el número de ciudadanos extranjeros que acuden a Beijing a estudiar chino. Tomando una copa con un estudiante de origen canadiense, nos confirmó lo que ya sabíamos, que el chino es un idioma extremadamente difícil. De hecho la mitad de los extranjeros que acuden a estudiar chino abandona, y la gran mayoría en el primer año, pues tras un año de estudios se dan cuenta de que no han aprendido absolutamente nada. Nos aconsejaron que si nos decantábamos por estudiarlo, a las 4 horas diarias de clase debíamos añadir 5 más de estudio personal para poder seguir adelante ........ .¡ Pero si ni siquiera sabemos inglés!

Galería fotográfica

[Esperando a Mao] Esperando a Mao
[Hutong] Hutong
[Ciudad Prohibida] Ciudad Prohibida
[Ciudad Prohibida] Ciudad Prohibida
[Tejados prohibidos] Tejados prohibidos
[La gran muralla] La gran muralla
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