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El paradisíaco balneario de Punta Sal

[Eduardo ]

Eduardo

[*] Fundador - Viajero ocasional


Datos del viaje

Arena blanca, aguas tornasoladas por el reflejo del sol e imponentes palmeras, son los componentes básicos para un buen fin de semana. En el Perú existe un departamento pequeño geográficamente empero gigante en cuanto a potencial turístico, su nombre es Tumbes, ciudad fronteriza con el Ecuador y a 1200 km. de la capital.
Manifestamos esto porque los primeros días de noviembre, tuvimos el privilegio de disfrutar de las más hermosas playas de todo el territorio patrio. Me refiero a Punta Sal, un balneario privilegiado por sus cálidas aguas y buen clima.
Establecer una ruta antes de empezar un largo viaje no resulta tan efectivo si es que en el trayecto llegas a pueblitos que nunca habías escuchado ni que existen en los mapas, es por eso que esta vez solo decidimos emprender nuestro viaje y que el destino se encargue del resto. La partida empezó en el congestionado centro de Lima, eran las cinco de la tarde y como nunca antes nos había sucedido el bus partiría a la hora pactada, al parecer en esta empresa si respetan al usuario.
El chofer un poco evasivo al ver mi cámara fotográfica comenta que estaremos llegando a Talara (Provincia del Departamento de Piura) a las dos de la tarde, esto significaba estar más de veinte horas en el bus. Sin embargo para todo viajero preparado un buen libro y una amena charla reducirían el estrés que ocasionaría tal periplo.
Nuestra llegada se produjo a las 2:30 p.m., tal y como lo vaticino el amigo conductor. Talara ciudad petrolera, fue nuestro primer destino. De allí hasta Punta Sal aún eran un par de horas más. Sin embargo decidimos quedarnos por un día en esta ciudad.
El viernes, después de un buen almuerzo partimos rumbo a Mancora, límite entre Piura y Tumbes, un balneario muy conocido y con espectaculares playas también, es que como lo dijimos antes no se puede establecer agenda alguna si en el trayecto llegas a lugares como este. Como nuestros amigos, esperaban nuestra llegada seguimos de largo hasta Punta Sal, lugar donde permaneceríamos por tres días.
El precio de los pasajes desde Talara hacia Mancora es de cinco soles y existen buses cada hora. El tiempo en llegar es de una hora y media y en el trayecto se puede disfrutar de una buena vista al mar y de pequeños pueblos muy pintorescos.
El calor empezaba a sentirse con más fuerza y el anhelo de llegar no se podía ocultar. En Mancora descansamos por unos minutos, hicimos las llamadas telefónicas correspondientes y compramos algunas provisiones. Desde este lugar hacia Punta Sal, existen combis, que cobran dos soles el pasaje, también hay taxis pero la tarifa en este caso puede llegar hasta los veinte soles. Eran las cuatro de la tarde, las mochilas se hacían mas pesadas, una combi nos llevaría hacia nuestro destino final.
En quince minutos, llegamos. Ahora solo quedaba encontrar el alojamiento.
Para esto habíamos coordinado previamente con nuestro amigo Vicente Cabrejos, propietario del Punta Sal Bungalows, nuestro arribo.
Era fin de semana largo y los turistas llegaban de todas partes, el clima era perfecto, y solo quedaba disfrutar de nuestra estadía.
Muy temprano el mar me sedujo y zambullí mi acalorado cuerpo en estas bellas y cristalinas aguas. No hay nada más placentero que dejarse llevar por el movimiento del mar y relajarse. Pequeñas balsas de pescadores muy rusticas, adornaban el paisaje matutino de Punta Sal. Los pescadores salen muy temprano en sus balsas armados de redes, cañas de pescar, anzuelos y mucho valor pues según nos cuentan algunos lugareños las aguas se ha llevado la vida de más de un osado trabajador de mar.
Las palmeras se levantan imponentes en este bello lugar, todo esto conjugado con la arena blanca hace que nuestro trabajo sea más placentero. Era momento de establecer contacto con los pescadores. Pepe nuestro amigo guía nos recomienda no ser tan rígidos con ellos, es preferible que yo hable antes con ellos y después de acercan… nos comenta. Efectivamente lo hicimos así, la respuesta de los pescadores no se hizo esperar, se mostraron escépticos al principio, ver flashes, y cámaras de video los intimidaba, pero la conversación fluía con algunos matices importantes. La vida de estos personajes de mar es bien dura, sus historias se entremezclan entre aventuras de mar y penurias por sacar adelante a sus familias. Los niños alegran nuestra visita al puerto y dan de comer a los pelícanos, aves que rodean a los pescadores en busca de un poco de pescado.
La tarde avanza y los pescadores regresan a sus casas, para al otro día continuar con su ardua labor, empero contentos por que aman lo que hacen.
Para todo viajero, este lugar es un paraíso, recomiendo visitar Punta Sal, los meses de noviembre a diciembre, donde la llegada de turistas no es tan abundante, sin embargo la época de verano este balneario se convierte en destino turístico de muchas personas amantes de la naturaleza y el relax.
No olvide viajero que debemos conservar la naturaleza, no ensucie las playas ni perturbe a las aves, porque son parte del ecosistema del lugar. Si va a acampar lleve la basura consigo y permitamos que vergeles como este perduren por muchos años más. Buen viaje. Ah olvidaba no olvide comerse un buen cebichito de mero, se los recomiendo.

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