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Venecia, sólo hay una. (Aproximación al Sestiere San Polo)

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Datos del viaje

Sestiere San Polo (excursión de ½ día, para algunos)

En el barrio de San Polo, el más pequeño de la ciudad apenas 35 hectáreas, se puede conocer otra Venecia muy distinta; la de sus mercados y bares de cichetti, donde se come tapas y raciones como en España, acompañándose de un valpolicella o cualquier otro de los excelentes vinos de la zona. Nos encontramos en el corazón comercial de Venecia.

El Ponte di Rialto, hasta el siglo pasado era el único puente que unía ambos lados del canal, marca el centro geográfico de la ciudad y lleva al barrio financiero. En 1172 se construyó el primer puente de madera, al igual que los dos siguientes, fue destruido en 1310 durante una insurrección bajo el mando de Bajamonte Tiépolo. El segundo se derrumbó a causa del peso de los espectadores que asistían al cortejo nupcial de los Marqueses de Ferrara en 1444. El tercero, un puente levadizo, fue representado por Carpaccio en un cuadro que se encuentra en el Museo de la Academia. En 1524 se convocó una oposición para la construcción de un puente de piedra en el que participaron Miguel Ángel, Sansovino y Palladio. Sin embargo, la elevada deuda pública retrasó casi sesenta años la realización de la obra, y durante ese lapso los tres artistas murieron. El puente, que es recorrido en la actualidad por miles de personas al día, fue inaugurado en 1592; había sido construido según el audaz proyecto de Antonio da Ponte, quien concibió una sola arcada de 28 metros, lo suficientemente alta, 7,5 metros, para que una góndola sin mástil pudiese cruzar por debajo de él. Con sus 48 metros de largo, este puente cuenta con tres escalinatas, varias arcadas e innumerables tiendas. Se considera el único puente que sostiene dos hileras de tiendas y tres pasajes peatonales escalonados. El elevado coste de la obra fue amortizado mediante el cobro de un peaje. Respecto al día en que concluyeron las obras, una leyenda cuenta de "El diablo y el alma del primero". Tras semanas de intentos infructuosos, y a pesar de los excelentes diseños de Da Ponte, no se conseguía construir derecha la gran arcada del nuevo puente de Rialto. Todo cuanto los obreros levantaban durante el día se desbarataba cuando caía la oscuridad; cada noche un trozo de arcada se desprendía y caía al agua, y si no hubiese sido por los andamios, la bóveda entera se abría derrumbado y caído al Canal Grande a causa de las grietas que en ella aparecían. Los obreros eran dirigidos por Sebastiano Bortoloni, un joven capataz muy prometedor quien, con la ejecución de la presente obra, realizaba su primer encargo de importancia. Bortoloni provenía de una buena familia, era muy trabajador y estaba decidido a tener éxito en una gran empresa de la cual dependía tanto su propio futuro como el del hijo que dentro de poco le habría dado Chiara, su mujer. El muchacho estaba desesperado: las obras no avanzaban y no había modo de resolver el problema. Como las averías tenían lugar siempre de noche, decidió esconderse en las cercanías de la obra y aguardar a que sucediese algo. A medianoche se escuchó un estruendo terrible, y una gran parte de la arcada se desplomó y cayó al Canal Grande. El capataz quedó paralizado al oír una carcajada espeluznante que provenía de detrás de él. Se dio la vuelta y vio la figura de un hombre envuelta en una capa negra. Era el diablo, que se dirigió a él con estas palabras: "Te esfuerzas en vano. Ningún hombre conseguirá construir este puente de piedra. Pero, si lo deseas, yo te puedo ayudar. Naturalmente, deberás pagar un precio." "¿Qué cosa quieres a cambio de tu ayuda? ¿Mi alma?", preguntó Sebastiano. El diablo estalló de risa. "No, no la tuya sino de la de la primera persona que cruce este puente una vez terminadas las obras." El joven no lo pensó mucho y aceptó; necesitaba no poco dinero y le preocupaba la llegada de su futuro hijo. Por lo demás, estaba seguro de poder engañar al demonio. Al día siguiente dio orden de regresar al trabajo a albañiles y canteros. El diablo mantuvo su palabra: la obra quedó intacta y el puente no tardó en ser terminado. Mientras tanto, Sebastiano, creyéndose astuto, puso en práctica una idea que le había venido: el diablo no había mencionado que debía de ser un ser humano el primero que cruzase el puente. Hizo traer entonces a la obra una cesta que contenía un gallo, y se propuso liberar al ave al amanecer. Dio disposición de que esa noche los guardas vigilasen los extremos del puente y no dejasen pasar a nadie. Pero el diablo fue más astuto que él. Se disfrazó de albañil, fue a casa del capataz y dijo a la mujer de éste que su marido debía permanecer en la obra por la noche, y que debía reunirse allá de inmediato con él. La mujer le creyó y no tardó en dirigirse a la obra. Los guardas, que la conocían, no la detuvieron. Sebastiano cenaba en esos momentos con los obreros; alzó la vista y al ver a Chiara sintió escalofríos. Despidió a los guardas y regresó a casa con su mujer. Esa noche la angustia ante lo que podría suceder le quitó el sueño. No tuvo que esperar mucho: al día siguiente, después de la solemne inauguración del puente, la sirvienta llegó corriendo a su encuentro, y llorando le informó que el niño había nacido muerto y que Chiara estaba en las últimas. Sebastiano se precipitó a casa pero ya su mujer había fallecido. Comprendió entonces que en su afán de desafiar al diablo había perdido a los seres que más quería. A partir de ese día, el alma del niño sin bautizar comenzó a vagar sobre el puente. Quienes durante las noches gélidas lo atravesaban podían escuchar el alma estornudar quedamente. Ciertas vez, un viejo gondolero que cruzaba el puente a horas muy tardías escucho, al llegar a la parte más alta, un leve estornudo. A pesar de no haber visto a nadie, dijo como se acostumbra: "¡Salud!". "¡Gracias!", respondió una voz infantil: era el alma menuda del niño que así fue salvada y pudo ascender al cielo. Visto más de una vez, ni que decir tiene que es de visita imprescindible. San Polo. ACTV línea 1 y 82. Parada Rialto.


Palazzo de los Dieci Savi
, situado al pie del puente, a la izquierda, edificado en 1521 por Antonino Abbondi, el Scarpagnino. No hemos podido visitarlo, actualmente alberga la administración de las aguas, nos falta foto. Sotoportego Camerale. San Polo 19.

Palazzo dei Camerlenghi, obra de 1523 de estilo lombardo, de Guglielmo dei Grigi. Cumplía funciones de prisión y comisaría de la ciudad. No hemos podido visitarlo, visto en abril del 2004. Ruga dei Oresi. San Polo 1.

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