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Viajero habitual
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La gente que suele decir que le gusta viajar y no lo hacen, piensan que los que tenemos la fortuna de hacerlo, no conocemos o admiramos las maravillas de nuestro país. En mi caso, nada más lejos de la realidad. Me gusta viajar, afortunadamente lo hago con cierta frecuencia pero admiro y amo España. Considero que tenemos hermosas maravillas en cuanto a ciudades, montañas, paisajes marinos, buena comida, buenos vinos y todo lo que un viajero pueda desear.
En el futuro quiero dar a conocer esa belleza que tenemos a la vuelta de la esquina y que muchos desconocen. Hoy empezaré por:
TOLEDO
Perderse por las callejuelas de esta ciudad es revivir el pasado, transportarse a otro tiempo y admirar los bellos rincones que ofrece la ciudad, sus vistas, sus edificios, sus monumentos, hace que valga la pena acercarse a Toledo. Desde aquí mi más sincera admiración a los maestros que aún hacen bellísimas obras Damasquinadas, cuando uno los ve trabajar, está viendo en muchos casos el último artesano de esta tradición. Los jóvenes no tomarán el relevo y perderemos en España una tradición capaz de hacer maravillosas obras de arte.
Toledo, ciudad imperial, verdaderamente hace honor a su apelativo, no sólo porque fuera la capital de un imperio, sino también porque la ciudad en sí, te llena los sentidos. Situada a unos 55 Km. de Madrid, sobre un cerro, en un meandro del río Tajo, hoy en día es capital de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Al acercarse por la inmensa llanura castellana, la ciudad va apareciendo poco a poco, entre brumas, erguida, majestuosa, y orgullosa de su pasado y su presente.