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Habana Vieja

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© Alfonso Moya

En La Habana Vieja se encuentran las construcciones de la etapa colonial, sobre todo de los siglos XVII al XIX. Siguiendo la división que Fermín Romero realiza en su libro "La Noble Habana" haré un breve repaso de los lugares más emblemáticos de la ciudad: plazas, fortalezas y construcciones eclesiásticas.
La Plaza de Armas, que alberga entre otros los palacios de los Capitanes Generales (Palacio Presidencial hasta 1920 y hoy importante Museo de la Ciudad) y el del Segundo Cabo, el Templete (1828) o el castillo de la Real Fuerza. Esta entorno fue trazado sobre los planos del habanero Antonio Fernández Trevejos en el siglo XVIII. Entre los años 1834 y 1955 estuvo presidida desde su centro por una estatua del rey Fernando VII y desde esta última fecha por otra de Carlos Manuel Céspedes. La plaza fue restaurada en 1935 para recuperar el aspecto de mediados del XVIII.
Junto al puerto de la ciudad se sitúa la Plaza de San Francisco, que tuvo su auge a raíz del traslado a la ciudad de la residencia del gobernador y al servir su puerto de punto estratégico para el abastecimiento de la flota. Data de 1628 y en ella estuvo hasta finales del XVIII la residencia del capitán general de la Isla. En uno de los costados de la plaza se encuentra la iglesia de San Francisco y frente a ella el edificio de la Lonja del Comercio -inaugurado en el verano de 1997 tras unas importantes obras que lo convirtieron en el más moderno de la ciudad, a la vez que sede de gran número de empresas-.
Otro lugar recuperado por la restauración en 1997 es la Plaza Vieja. De planta rectangular y grandes dimensiones, los primeros edificios que la rodearon se empezaron a construir en el siglo XVII. Las casas son porticadas de dos alturas y en la superior los arcos están rematados por vidrieras.
La Plaza de la Catedral, muy cerca de la de Armas, se construyó sobre una antigua zona cenagosa en la que se ubicó a finales del XVI una fuente y el primer acueducto español en América. Los otros tres lados de la plaza lo ocupan casas señoriales de primeros del XVIII, la mayoría porticadas, excepto la que hay frente a la Catedral.
La presión ejercida por los piratas y corsarios sobre Cuba desde comienzos del XVI obligó a los españoles a proteger las ciudades y puertos con fortalezas. De éstas las más importantes de la capital y visita obligada para el turista son: el castillo de la Real Fuerza, el de San Salvador de la Punta, el de los Tres Reyes Magos del Morro -conocido popularmente como castillo del Morro- y el de San Carlos de la Cabaña. Otra fortificación de la ciudad es el torreón de Santa Dorotea de la Luna de la Chorrera, junto a la desembocadura del río Almendares y en dirección al municipio de Playa.
La pequeña fortaleza de la Real Fuerza, coronada por la conocida Giraldilla, situada junto a la plaza de Armas, empezó a construirse a mediados del siglo XVI durante la etapa como capitán general de Cuba de Hernando Soto y se finalizó hacia la década de los ochenta de ese mismo siglo, siendo gobernador Francisco de Carreño, quien no pudo estrenarla por su repentina muerte. Su interior albergó la residencia del gobernador español, realizando un pequeño retoque de cada uno de sus moradores. Hacia 1630 se añadió la torre vigía con la Giraldilla, una veleta con figura de mujer indiana que imita a la que corona la Giralda sevillana. Con los años, sirvió como "caja fuerte" para el oro y la plata que España arrancaba de América, luego en 1901 fue sede de la Biblioteca Nacional y tuvo uso muy diversos en fechas posteriores. Hoy en día alberga unas pequeñas vitrinas con utensilios militares de la época y un restaurante en la terraza en la planta superior. Cuenta la tradición que la figura de la Giraldilla representa a la mujer de un gobernador de la ciudad que aguardaba el regreso su marido de una expedición a la norteamericana Florida.
También a este lado de la bahía y en su bocana se encuentra el fuerte de San Salvador de la Punta. Su misión era la de proteger la ciudad de los desembarcos de los corsarios y piratas franceses e ingleses, quienes finalmente controlaron la ciudad y parte de la isla entre los años 1762 y 1763. Las obras de éste se iniciaron hacia 1590, pero el daño provocado por un huracán en 1595 obligó a partir casi desde cero. Destruido en parte durante la dominación inglesa, luego fue reparado por los españoles y sus últimas obras de ampliación se mantuvieron hasta 1868.
Cruzamos la bahía por el túnel y llegamos al castillo de los Tres Reyes Magos del Morro. Sirvió junto con el de la Punta para proteger la entrada de la bahía. Antes de su construcción el lugar fue puesto un de vigías. Las obras comenzaron en 1589, realizándose la muralla hacia 1602 y la capilla en 1604. El faro interior data de 1845. Para proteger la entrada a la bahía se tendió, en 1630, entre el Morro y la Punta una cadena de cobre que obstaculizaba el paso de los barcos. Fue duramente defendido en el verano de 1762 cuando los ingleses tomaron la ciudad y asediaron el Morro durante 44 días.
De nuevo la ciudad en manos españolas, en 1763 se iniciaron las obras del castillo de San Carlos de la Cabaña, que toma parte de su nombre en honor del rey Carlos III, en la loma que hay frente a la avenida Carlos Manuel de Céspedes, entre la Punta y la Real Fuerza. Es la de mayor tamaño de las construidas por los españoles en América, con una superficie de 10 hectáreas. Su elevado coste (14 millones de pesos de la época) hizo que el Rey exclamara que, por lo invertido en ella, sería de tal tamaño que podría verse con prismáticos desde Madrid. Se culminó la obra en 1774. Hoy en día alberga un cuartel y un museo. Además, cada noche a las 9 en punto se celebra la ceremonia del "Cañonazo", en la que participan un pelotón de soldados con uniforme del siglo XVIII. Es uno de los atractivos turísticos de la ciudad, yo te recomendaría que llegaras con tiempo para ver y poder fotografiar tanto la ceremonia como una preciosa vista de La Habana al atardecer.
Entre los edificios eclesiásticos se encuentran: la catedral, la iglesia y convento de San Francisco de Asís, y las iglesias de Paula y de la Merced.
La Catedral se construyó entre 1748 y 1777como iglesia por los jesuitas y hasta 1793 no tuvo rango de Catedral. Fue entonces cuando se encargó a Pedro Medina realizar la fachada actual. Los frescos del Altar Mayor los pintaron el italiano Giuseppe Perovani y el francés Jean Baptiste Vermay a caballo de los siglos XVIII y XIX. Hasta el final de la dominación española de la Isla, en su nave central estuvo situado un monumentos funerario que contenía los "supuestos" restos de Cristóbal Colón, luego trasladados a España y supongo que son los mismos que se veneran en la Catedral de Sevilla. El interior de la Catedral, sobre todo la parte del Altar Mayor fue restaurada poco antes de la visita del papa Juan Pablo II (enero de 1998).
La Orden de los franciscanos, pionera en la ciudad, empezaron a construir hacia finales de la década los setenta del XVI su convento, que finalizaron hacia finales del siglo. La iglesia y el convento de San Francisco de Asís está en uno de los lados de la plaza de igual nombre, frente al edificio de la Lonja del Comercio. La proximidad a la bahía hizo que en la segunda mitad del XVII sufriera importantes desperfectos por los temporales. La recuperación y reconstrucción de gran parte de lo deteriorado corrió por cuenta del maestro-arquitecto Pedro Hernández de Santiago. La finalización de la construcción data de 1738, siendo impulsadas en su última etapa por el obispo Juan Lazo de la Vega y Cancio. La reforma de las órdenes religiosas en España en 1841 motivaron el cierre de la iglesia y el convento, que poco después tuvo uso civil. En los once meses de dominación inglesa (1762-63) sirvió de cuartel general de los invasores. A mediados del XIX albergó el Archivo General de la Isla y a comienzos del XX la Dirección General de Correos y Telégrafos.
Si continuamos caminando en dirección hacia el interior de la bahía nos encontraremos en mitad de la calle con la iglesia de San Francisco de Paula. A su costado tuvo adherido un hospital de mujeres. Las construcciones originarias se realizaron en la segunda mitad del XVII, pero los azotes del mar de 1730 acabaron con los edificios, por lo que el obispo Lazo de la Vega ordenó la construcción de la actual iglesia de Paula de una sola nave y que se finalizó hacia 1745. Abandonada para el culto y cerrado el hospital, en los primeros años del siglo XX perteneció a una empresa portuaria y se procedió a su restauración en 1946.
Para no alargar mucho este capítulo te apunto tan sólo el nombre de algunos edificios religiosos que puedes visitar: los conventos de Nuestra Señora de la Merced, el de Nuestra Señora de Belén, el de Santa Teresa de Jesús y el de Santa Clara de Asís, así como las iglesias del Espíritu Santo y la de la Caridad -cerca del barrio chino-, en la que existe una réplica de la patrona del país.

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