Fundador - Viajero ocasional
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Un grupo de catorce personas. Coordinadas por la ONG SETEM y la agencia de viajes Taranná hace una ruta solidaria por Perú visitando proyectos sociales, conviviendo con familias y colaborando económicamente en la estancia.
Hemos estado en cuatro zonas bien diferenciadas: Lima, Pampa Hermosa, el Lago Titicaca y el Valle Sagrado de los Incas.
Lima: proyectos
Al llegar a Lima, que es la capital de Perú con ocho millones de habitantes, todo está cubierto por la neblina y no vemos el sol. Visitamos el proyecto del barrio periférico San Juan de Lurigancho, donde las calles son de tierra y están llenas de basura. Entramos en diferentes locales de la Asociación Programa de Educación Infantil, en que hemos conocido unas mujeres muy acogedoras que cuidan de los niños pequeños para que no estén en la calle ¡He quedado impresionada de todo el trabajo que hacen! ¡Me han contagiado su fuerza y su energía!
Al día siguiente vamos a Villa Salvador, una ciudad cercana a Lima, fundada en el año 1971 como resultado de la ocupación de tierras por parte de los inmigrantes. Ha sido muy interesante ver el desarrollo y la organización conseguidos por la comunidad. Sus habitantes son los que resistieron durante más tiempo el terrorismo de Sendero Luminoso. Allí hemos conocido el proyecto Gente Mayor Adulta. Nos han explicado cómo se organizan para trabajar y recoger dinero para sobrevivir, pues no reciben ayuda económica del estado.
Pampa Hermosa
Después de viajar toda la noche en autobús llegamos a la reserva de Pampa Hermosa donde hacemos una excursión por parajes de la selva hasta el Cedro del Abuelo, un árbol centenario. A la vuelta de la excursión, cansados, nos esperan en la escuela los habitantes de Nueva Italia con una “pachamanca”, comida asada en un agujero hecho en la tierra donde se cubren las brasas con la yuca, las “papas” y el carnero, quedando todo tapado con hojas. Durante la comida hablamos con Toni, un maestro catalán que está de voluntario en esta escuela unitaria. Le felicitamos por el trabajo que está haciendo y la valentía que demuestra viviendo sólo y en condiciones tan precarias.
Al día siguiente, muy temprano, salimos para el pueblecito de Ninabamba. Cargamos las mochilas en los burros y echamos a andar. La ruta resulta dura y cansada. Caminamos más de siete horas, pero disfrutamos de la belleza del paisaje. La satisfacción del esfuerzo realizado nos llena de alegría al llegar allí y ser tan bien acogidos por sus habitantes, que nos esperan para comer. Por la tarde visitamos la escuela donde hacemos un intercambio con la maestra y los niños, cantando y bailando juntos. Después hacemos una reunión en que nos explican cómo se organizan los comuneros. Cada familia, de las diecisiete que viven en la aldea, escoge a uno de nosotros para llevarnos a su casa. Yo voy a casa de Vicenta, con quien disfruto de una cena muy íntima a la luz de una vela y la brasa del hogar. Contemplo a una mujer tratada duramente por la vida, pero también con mucha fortaleza. Me da una manta y un pellejo para dormir. Por la noche nos reunimos todos alrededor de una fogata en el campo y compartimos charlas muy interesantes.
Por la mañana nos despedimos con pena y agradecimiento por su acogida. Nos abrazamos diciendo que no olvidaremos nunca lo que hemos compartido. A la vuelta vamos a ver los tunkies o gallitos de roca que es el ave nacional. Seguidamente montamos unas estanterías en la escuela. Al día siguiente vamos a conocer la comunidad nativa de los Ashanincas, que han luchado mucho por tener un terreno propio. Acabamos poniéndonos sus túnicas, danzando con ellos y bebiendo masato, que es un jugo de yuca masticado.
Lago Titicaca y Taquile:costumbres y tradiciones
Vamos en avión a Juliaca (3.824 m). Al llegar padezco el mal de altura, sintiendo mareo y el estómago revuelto, con sensación de caer al suelo. Después de un rato de descanso con las piernas en alto en el autocar, en dirección a Puno, me recupero. Al llegar al pueblecito de Chucuito, la cálida acogida de las mujeres tejedoras me hace pasar el frío. Después de una cena reconfortante nos explican el proceso del tejido de la alpaca. En el lago Titicaca visitamos la isla flotante Chumí donde sus habitantes, los uros, nos explican como han hecho la isla, las barcas y las casas con la totora. Continuamos la ruta en barco a la isla de Taquile. En el trayecto hacemos la ceremonia de los viajeros, tirando las hojas de coca al lago al tiempo que pedimos un deseo.
Desembarcamos en una playa solitaria y caminamos durante un buen rato, notando la falta de aire y cansándonos enseguida pues estamos a mucha altura. Las familias que nos han acogido nos explican cómo se organizan en el trabajo.
Por la tarde disfrutamos de la puesta de sol y, por la noche, acabamos bailando alrededor de una fogata, observando la atmósfera limpia en que se ve la Vía Láctea como un río que llega al mar. Al día siguiente, de vuelta en el barco, tengo a mi lado un taquileño que teje una gorra de lana mientras me explica historias sobre Taquile y yo voy apuntando en el diario.
Valle Sagrado de los Incas: conociendo la cultura inca
Vamos al Valle Sagrado de los Incas donde visitamos Moray que es un laboratorio inca agrícola hecho con una construcción del suelo hacia abajo mediante terrazas de forma circular. ¡El paisaje de este valle es impresionante con una mezcla de colores ocre, marrón y amarillo! La tierra es muy fértil y las piedras de las montañas ¡parece que hablen! Por la noche, paseando por las calles de Ollantaytambo, pasamos por una casa con una bandera roja a la entrada, lo que quiere decir que invitan a “chicha”, la bebida nacional hecha con maíz fermentado. Encontramos unos niños que cantan y se nos unen hasta la plaza del pueblo. Allí acabamos organizando una fiesta intercultural catalano-peruana, cantando y bailando juntos. Vamos a las ruinas de Ollantaytambo lo cual nos ayuda a conocer mejor la cultura inca, tan interesante con sus tradiciones y leyendas.