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Un novela en París.

[Carlos Manzano]

Carlos Manzano

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Datos del viaje

Decir algo sobre París que no esté dicho ya es extremadamente difícil. Por si fueran pocas las guías y libros editados donde se nos descubren con todo detalle sus innumerables atractivos, París ha sido el escenario perfecto de un ingente número de novelas y películas ; podría decirse que París representa el espacio ideal, el envoltorio mágico que una buena historia necesita: ¿alguien puede imaginarse Rayuela ambientada en otro lugar que no sea París? ¿Puede haber otra ciudad surcada por el Trópico de Cáncer a la manera en que nos contó Henry Miller? ¿Existe tal vez una ciudad mejor para bailar nuestro Último tango que París? Por ese motivo, ahorraré al visitante una engorrosa descripción de las maravillas y encantos que surcan esta irrepetible ciudad, y lo remitiré a cualquiera de las excelentes guías que existen en el mercado. En esta ocasión, me limitaré a dejar constancia de aquellos lugares que más me han impresionado de la ciudad y a ilustrarlos con una sencillas fotografías. Creo, sinceramente, que ello hará la visita más amena.

MARAIS
Tierra de pantanos, se convirtió en zona de lujosos palacios (sus célebres hôtels) cuando Carlos V, allá por el siglo XIV, estableció su residencia habitual en el Louvre. En la actualidad, es una de las áreas más atractivas de París, repleta de comercios, tiendas de ropa y restaurantes, aunque hace unos pocos años su estado dejaba bastante que desear. Ello hizo que numerosos inmigrantes buscaran alojamiento en sus por entonces viejos y descuidados edificios, lo que en la actualidad confiere al barrio una atmósfera peculiar, muy viva. También se encuentran aquí el barrio judío y una de las zonas gays más concurridas de la capital, en especial la que discurre junto a la avenida Les Archives. La Plaza des Vosges, centro simbólico del barrio, de perfecta simetría, constituye unos de los más hermosos reductos de París.
ÎLE DE LA CITÉ
Constituye el origen de París. En esta pequeña isla se asentaron hace más de dos mil años las primeras tribus celtas, las cuales serían conquistadas en el año 53 d.C. por Julio César, quien la rebautizaría con el nombre de Lutecia. Desde entonces, la isla ha cambiado mucho, pero sigue simbolizando el centro de la ciudad. En ella podemos visitar dos de las joyas arquitectónicas más importantes de París, la archiconocida Notre Dame, toda una obra maestra del arte gótico, y la Sainte-Chapelle, construcción coronada por 15 impresionantes vidrieras que sin duda alguna constituye una de las cumbres de la arquitectura europea. Además de todo esto, el río Sena, como no podía ser de otra manera, se convierte en el elemento fundamental de la Íle de la Cité.
BEAUBOURG Y LES HALLES
Beaubourg es un barrio marcado sin duda alguna por el Centro Pompidou. A pesar de que en su momento el edificio, que alberga el Museo de Arte Contemporáneo, no fue acogido con entusiasmo por buena parte de los parisienses, en la actualidad es uno de sus construcciones más carismáticas. Asemeja un enorme armazón que ha perdido sus paredes externas, donde todo queda a la vista: tuberías, cables, cañerías, vigas... El Forum des Halles, en cuyo espacio se asentaba antiguamente el atestado y maloliente mercado de París, es en la actualidad un centro comercial de moderno diseño, en cuyos sótanos se alojan numerosas boutiques, salas de cine y locales de espectáculos. Justo al lado, vigilante, la impresionante iglesia de Saint-Eustache parece cuidar de que todo siga igual que siempre.
LES TUILERIES
Nos encontramos en el área regia por excelencia de París: los alrededores del Louvre. Junto al museo, antigua residencia de Luis XIV, el rey sol, el extenso jardín des Tuileries conecta el Palacio con la Place de la Concorde, donde se asienta el obelisco de Luxor, de más de 3000 años de antiguedad. Junto al Louvre se encuentra el Palacio Real, residencia en su día del célebre Cardenal Richelieu y sede de la Comédie Française. Al norte de los jardines se encuentra la Place Vendôme, en la actualidad hogar de los más famosos joyeros de Francia.
BARRIO LATINO
El Barrio Latino pivota sobre La Sorbona, la universidad de París. Su nombre proviene precisamente de ahí, ya que los primeros estudiantes se expresaban en latín. En la práctica es una continuación de St-Germain-des-Prés (nace a partir del Boulevard Saint Michel, avenida que, más que separar, enlaza ambos barrios); la diferencia más importante, a mi juicio, es que en lugar de animadas terrazas y elegantes cafés, en el Barrio Latino predominan los restaurantes de comida rápida y de cocina más o menos exótica. Mención especial merecen, a mi juicio, el Panteón, donde reposan algunos de los más insignes hombre de Francia (como Jean-Jacques Rousseau, Victor Hugo y Emile Zola), y la iglesia de St-Etienne-du Mont, cuya estilizada figura concentra los estilos gótico y renacentista. A mi juicio es igualmente recomendable la visita al Museo de , que entre otras obras medievales alberga la maravillosa serie de tapices conocida como La dama y el unicornio.
MONTPARNASSE Y JARDINES DE LUXEMBURGO
Como otras zonas de París, Montparnasse se distinguió en la primera mitad del siglo XX por ser foco de atracción para artistas de la más diversa índole; consecuencia de ello es la profusión de teatros que todavía se mantienen abiertos en la Rue de la Gaite. Uno de sus más conocidos emblemas, el cementerio de Montparnasse, da cobijo en la actualidad a los restos de algunos de sus moradores más distinguidos: Sartre, Beauvoir, Cortazar, Man Ray, Baudelaire, Durkheim y un largísimo etcétera (uno de los divertimentos más interesantes consiste en ir descubriendo sus tumbas a lo largo y ancho del recinto). En 1973 se construyó aquí la por entonces torre más alta de Europa, la Torre Montparnasse, un título que, como es fácil suponer, perdió al poco tiempo.
El Barrio de Luxemburgo Es un área pequeña, en la destacan por encima de todo los amplios Jardines de Luxemburgo y el Palacio del mismo nombre. Es una zona tranquila, uno de los pulmones de París, que en los días de sol se llena de entusiasmados estudiantes a la búsqueda de un pedazo de césped donde solazarse. El Palacio, construido para María de Médicis, fue cárcel durante el periodo revolucionario y en la actualidad aloja el Senado francés. Algo más al norte se encuentra la Iglesia St-Sulpice, que da nombre a la plaza.
CAMPOS ELISEOS, LES INVALIDES Y LA TORRE EIFFEL
He agrupado estas tres zonas en un sólo epígrafe porque en mi opinión permiten una visita rápida y pueden ser contempladas como una unidad. Los Campos Elíseos nacen en la Place Concorde y llegan hasta La Defense. Es uno de los emblemas de París, aunque a mi juicio resulta una de las zonas menos interesantes de la capital. Aquí se encuentra el famoso Arco del Triunfo, erigido por Napoleón para mayor gloria de sus tropas y festejar sus hazañas bélicas. En uno de sus flancos, en dirección al Sena, se encuentran el Gran y el Petit Palais, ambos construidos para la Exposición Universal de 1900, junto con el puente Alejandro III. El edificio de Les Invalides, justo al otro lado del Sena, fue mandado edificar por Luis XIV para acoger a los veteranos de guerra. En uno de sus extremo se encuentra la Iglesia del Dôme, en cuya cripta descansan los restos de Napoleón Bonaparte. Y finalmente, llegamos al símbolo por excelencia de París: la Torre Eiffel. No hay mucho que decir sobre ella; simplemente que, a pesar del precio, merece la pena subirse hasta arriba del todo y disfrutar de unas vistas inigualables de la ciudad. Cruzando de nuevo a la orilla izquierda del Sena, llegaremos a la plaza de Trocadero, donde se encuentra el monumental Palacio Chaillot.
EL BARRIO DE LA ÓPERA
El barrio de la Ópera se caracteriza, además de por albergar el espectacular edificio que da nombre al barrio -una curiosa pero efectiva mezcla de estilos y materiales-, por los enormes boulevares que lo cruzan, resultado de la remodelación que se llevó a cabo en el siglo XVII. Es una de las zonas favoritas de los parisinos para el paseo, en especial los días en que el tiempo colabora. En uno de estos bulevares, el que lleva por nombre Haussmann, se hallan dos de los almacenes más conocidos de París, las Galerías Lafayette y Printemps. A mi juicio, independientemente de las compras -actividad que me repele especialmente- es aconsejable visitar la majestuosa cúpula modernista de la primera y la terraza de la segunda, desde donde se obtienen unas extraordinarias vistas de la ciudad -huelga decir que gratis-. Algo más al sur se encuentra La Madeleine, un imponente templo construido en 1806 a la mayor gloria de Napoleón.
MONTMARTRE
Ha sido la zona bohemia por excelencia de París. Durante las últimas décadas del siglo XIX y la primera mitad del XX sus cafés fueron frecuentados por los más grandes pintores europeos: Picasso, Dalí, Modigliani, Renoir o Van Gogh, entre otros muchos. La Place du Tertre, donde hoy intentan ganarse la vida algunos émulos de los grandes maestros, y la Rue Sant-Rustique, que alberga los famosos cafés L'Auberge de la Bonne Franquette y Le Consulat, es casi todo lo queda de entonces. Montmartre, detestado en su tiempo por los parisinos a causa de sus numerosos burdeles, su bohemia y sus cabarets, se ha convertido de nuevo en zona de moda entre las clases medias, que buscan en su atmósfera de pueblecito ese tipo de vida sosegada y pausada imposible de hallar en otras partes de la ciudad. Al sur del barrio se encuentra Pigalle, hoy en día una enorme avenida poblada de sex-shops que aún conserva, casi como un fantasma del pasado, la manida imagen del molino rojo sobresaliendo sobre sus fachadas. Otra imagen imprescindible es el Sacré-Coeur, construido a principios del siglo XX y cuya imponente figura, erigida en lo alto de la butte (la colina), se hace visible desde diversos puntos de París.
LA DÉFENSE
Es el barrio francés del siglo XX. Acoge los edificios más modernos, las propuestas más innovadoras, y, al menos a mi juicio, no decepciona lo más mínimo. El Grande Arche se ha convertido en el símbolo de la zona. Para disfrutar mejor de La défense, mi consejo es parar en la estación de metro Esplanade de la Défense, y desde allí dirigirse dando un paseo hacia el Grande Arche. La zona superior es peatonal; los automóviles circulan por debajo. L'Esplanade se ha convertido en un lugar de esparcimiento; acoge grandes almacenes y modernos cafés, aunque algunos tan impersonales como los McDonald's.

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