Viajero ocasional
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Bueno, voy a intentar brevemente sacar alguna reflexión de mi último viaje con la bici por Italia.
En primer lugar tengo que decir que los italianos no conducen mal, no, conducen fatal o peor; o a lo mejor no está bien dicho, porque realmente no me han dado ningún golpe con el coche (eso sí, pasaban muy cerca...), y tampoco he visto accidentes, pero que son temerarios, imprudentes y que no respetan ninguna norma de circulación, sí. De cada tres coches que me cruzaba, dos iban hablando por el móvil. Los adelantamientos los hacían con línea discontinua, con línea continua, en curva, por el arcén, incluso adelantamientos por zona azul; hasta he visto adelantar a un coche que a su vez estaba adelantando a otro en una vía de dos carriles y ambos sentidos de circulación. Ni qué decir tiene de la distancia que guardaban conmigo al adelantarme, que más de uno seguro que se fue con el coche bien limpio a casa, porque claro, había oído hablar que en Italia las carreteras no tenían prácticamente arcén, pero lo que no podía imaginarme era que ninguna lo tenía, y además sin el prácticamente (a las fotos me remito). Lo más curioso de todo es que a pesar del barullo de coches, camiones, motos, motocarros, bicis (todos sin casco por supuesto), etc., nadie tocaba el claxon, a pesar de todas las pirulas que se veían; me imagino conduciendo así en Zaragoza, parecería la noche aquella que ganamos la Recopa...
En cuanto al viaje tengo que decir que he terminado haciendo unos mil kilómetros aproximadamente, así que más que un viaje de placer ha sido una tortura, por lo menos algunos días.
También tengo que decir que las cosas han salido como las había planeado, el recorrido ha sido casi igual al que me marcara antes de salir de casa; no he tenido ningún pinchazo, ni ninguna caída, ni tampoco averías en la bici. Sí que es verdad que el segundo día me compré un retrovisor para la bicicleta, a pesar de lo mal que queda, pero con lo que he puesto más arriba creo que sobran las palabras, no...?
La orientación sobre el mapa no ha sido del todo mala, sobre todo teniendo en cuenta que me movía con un plano de carreteras a escala muy pequeña, a la mala señalización de las indicaciones que me encontraba y a tener el idioma en mi contra. En relación a éste, muchas palabras son iguales, la mayoría de las veces te acabas entendiendo, pero había otras que si no fuese por el idioma universal de los gestos, aún estaría allí con cara de tonto intentando comprender lo que me decían.