Lanzarote, los dominios del Timanfaya
El avión dio varias vueltas antes de aterrizar en el aeropuerto, rozando las costas de la isla, como si la estuviese cortejando, para finalmente posarse sobre ella. Allí esperaba un ser querido que nos recibió con una cara sonriente y curtida por el sol, que nos llevaría hasta la capital, Arrecife.
La ciudad no es especialmente bella aunque cuenta con pequeños espacios para visitar como el Parque de la Biosfera, El Castillo de San Gabriel (actualmente el Museo de Arte Contemporáneo) .Dicho museo se encuentra cerca del Puerto de Naos, donde parece ser había unas antiguas “salinas”, actualmente en desuso. Allí amarró el espectacular crucero de lujo “Queen Mery 2”, el cual tuvimos la oportunidad de fotografiar desde lejos, ya que era imposible acercarse y eso que éramos cientos de personas que lo intentamos, desde los “porteños” como demás turistas extranjeros y godos (así nos llaman a los de la península) Resulta encantador el Charco de San Gines, un pequeño lago dentro de la ciudad que ofrece espacios para descansar y pasear. Se encuentra a pocos metros de la Iglesia de San Gines (parroquia de Arrecife desde 1978. Dice la tradición que un cuadro de San Ginés apareció flotando en el Charco y desde entonces los "porteños" lo convirtieron en Santo Patrono de Arrecife.
Para conocer Arrecife, si quieres hacerlo a pie, ponte un buen calzado y prepárate para caminar. La “guagua” (líneas de autobús) suelen pasar a horarios muy disparatados y no son bastante fiables en cuanto a la hora. Yo recomiendo que es mejor alquilar un coche, el cuál luego te permitirá recorrer toda la isla a tu antojo y libre de excursiones programadas por hoteles destinados a un turismo más centrado en las playas y diversiones cuadriculadas de hotel.
Si eres de los que prefieren opción coche y mapa en mano, lo primero es pasarte por la oficina de Turismo donde te dan todos los mapas, folletos, lugares a visitar e, incluso, pegatinas para el coche. Y de verdad, que no te arrepentirás de conducir porque lo mejor de Lanzarote está fuera de Arrecife. Las carreteras se encuentran en muy buen estado y los mapas explican muy bien la geografía de la isla. Solo te perderás en un par de cruces, no más.
Tendrás muchas cosas que ver y necesitaras dos o tres días para verlo todo, pero con la suficiente tranquilidad para disfrutar de una buena comida y una siestecita en la playa.
Lo que se suele visitar (pagando)
El Parque del Timanfaya: donde hay un restaurante con unas enormes brasas que cocinan con el calor procedentes del propio volcán. La “guagua” hace una ruta por el interior del parque, con explicaciones en varios idiomas. Es la única forma de ver la zona ya que es Reserva de la Biosfera, como la mayor parte de la isla.
También hay un paseo en camello, aunque no lo probamos ya que no parecía muy aventurera. Más bien era un paseillo subiendo una cima y volver a bajarlo. Lo perfecto para turistas de verdad.
Los Jameos del agua: un bonito lago donde se encuentran los pequeños cangrejos albinos, únicos en el mundo. Lo más impresionante es la obra que hizo Cesar Manrique, como acondiciono el lugar de tal forma que parece propio de la naturaleza.
La Cueva de los Verdes: una visita guiada por el interior de la tierra. Impresionantes túneles donde antiguamente se escondían y vivían las gentes. El problema es que se entra en grupos de 50 personas y es todo guiado. Allí se encuentra un auditorio (si, en el interior de la tierra) donde se realizan espectáculos de forma puntual.
El Jardín de cactus: donde todo son cactus de las mas diferentes especies pero que tampoco tiene mucho más. Si te lo pierdes no pasa nada.
El Mirador del Río: impresionante vista del norte de la isla, desde donde divisarás la isla de la Graciosa. No dejar de fijarse en las lámparas de la cafetería (creo que también obra de Marrique)
La Fundación César Manrique: donde no llegamos a entrar pero que no fue por ganas. Creo que los 7 euros merecen la pena.
Y como lo mejor de esta vida, es gratis ( o por lo menos, cuesta poco):
Las salinas: que estas sin funcionan y están en la zona sureste de la isla
Los Hervideros: donde las olas se filtran entre las rocas y ascienden sobre ellas como si fuesen ballenas que salen a respirar. Esto se ve solo cuando la marea esta alta pero también es recomendable ir en marea baja porque entonces podrás bajar y ver a través del los balconcitos (de Cesar Manrique) que parecen completamente naturales.
El Charco de Cliqué: donde hay un pequeño lago de color verde dentro de una playa negra. Las paredes de las rocas, de suaves ondulaciones, recuerdan a la arquitectura orgánica de Dalí. Allí podréis pagar (u obtener, si nadie vigila) la “olivina”, piedras de cuarzo de color verde, características de la isla.
La Hermita de los Dolores (en Tinajo): uno de los lugares donde la lava se paró (enterrando tras de sí kilómetros de vida). Se realiza una romería donde la gente se viste con las ropas típicas.
La Geria: es la zona que comprende los viñedos de Lanzarote. Es impresionante como el hombre se adapta a la geografía del lugar, como los viñedos son plantados en pequeños hoyos rodeados de piedras (para evitar el efecto del viento). Es uno de los recuerdos visuales que no se te olvida. Extensiones donde se pierde la vista de estos pequeñas construcciones humanas.
Playa Papagayo: una de las playas en las que hay que descansar. Hay que pagar para entrar, aunque la cantidad creo que es módica. Y merece la pena. Creo que hay un barco pirata ( en plan “turi”) que se pasea por sus cercanías pero no se muy bien donde se coge.
Mirador de Femmes: donde hay una vista impresionante del sur de Lanzarote. Alli hay un sitio estupendo para comer que se llama “Casa Emiliano”. Una cosa importante, a las 9 de la noche ya no sirven, así que lo mejor es acercarse a comer y luego ir a descansar a Playa Papagayo.
Lagomar (cerca de Arrecife): Incrustada en el risco del volcán de Nazaret se yergue majestuosa la "Casa Omar Sharif", concebida por el artista lanzaroteño César Manrique en los años setenta para ser la morada del famoso actor.
Cuenta la leyenda que Omar, quien se encontraba en la isla rodando una película, perdió la casa en una partida de bridge y nunca volvió. A su vez la Casa cobro fama de por sí y fue utilizada en rodajes con actores tales como Peter Ustinov o Horst Franck.
La mansión está construida en las mismas entrañas de la roca volcánica, rodeada por jardines orientales; que con sus cuevas, túneles y empinadas escaleras que te transportan al misteriosa Arabia. La parte de abajo es un bar, donde podrás tomar algo es una de sus cuevas. La parte de arriba es privada.
Además, hay muchos pueblos que merece la pena ser visitados, como por ejemplo, Puerto Calero, zona de alto postín con bares al lado del puerto.
Puerto del Carmen, zona de gran afluencia turística (guiri, guiri) aunque con playas muy bonitas.
Gastronomía
Os recomiendo que preguntéis por un restaurante que se llama “El Buey bueno”(no recuerdo donde se encontraba). Pagas una cantidad (10 euros) y te dan de comer hasta que revientas (postres, bebida y cafés a parte). Te traen la carne en unas espadas enormes y te van partiendo en el plato los trozos que quieras. Hasta decir basta.
Para los que les guste la carne y comer abundantemente.
También probar las “papas” con el mojo picón. La cerveza que se consume allí es de la propias islas y el ron de miel exquisito. El café, regulín, por el agua.
Un dato curioso: las ensaladas no llevan lechuga pero el tomate es excelente.
La visión estética de la isla
A excepción de Arrecife, el resto de Lanzarote respeta bastante una misma construcción en la estética de la casa. Son todas blancas, de baja altura, y sus jardines están recubiertos por la piedra negra, muy porosa, que permite que el agua no se evapore durante días.
El respeto por el medio ambiente y su grado de adecuación por el entorno es palpable en toda la isla.
Dicen que Lanzarote te encanta o lo detestas. Yo no puedo decir que fuese amor a primera vista. El paisaje, el desierto, me confundía a la vista, pero más que disgustarme, me extrañaba. Yo vengo de una zona donde el verde es excesivo, donde la lluvia llega a ser agobiante y, Lanzarote es lo contrario. Y no solo por su mar de lava, su vegetación espartana, su luz brillante. Es un descanso para la vista. Lo miras todo extrañando, preguntándote si te gusta o no. Y de repente, te das cuenta que te fascina el contraste de sus blancas casas con su piedra negra, las pequeñas muestras de vegetación verde, como si fueran cojines esparcidos por el suelo. La mezcla de colores que produce la lava, la serenidad del Parque del Timanfaya, tan inmenso, tan tranquilo y a la vez tan poderoso, no te permite olvidar que hubo un día en que despertó y extendió todo su ser sobre la mitad de la isla.
Y cuando me quise dar cuenta, me había enamorado de su sobriedad y de su minimalismo. Es el lugar idóneo para pensar, para descubrir la tranquilidad de la vida, del contacto tranquilo con la naturaleza. Es un paisaje que te absorbe la mirada. Coger el coche y recorrer kilómetros entre la Geria, con la enorme variedad de colores de los cráteres verdes, rojos, naranjas..., con el horizonte del mar azul y rocas negras. Y a sólo 100 km, África. La península, a 1000.
Lanzarote es la isla mas oriental del archipiélago canario. Ocupa unos 900 km2 incluyendo las islas del Archipiélago Chinijo: La Graciosa, Alegranza, Montaña Clara y los Roques del Este y Oeste. Lanzarote alberga siete municipios: Arrecife (la capital), Haría, San Bartolomé, Teguise, Tías, Tinajo y Yaiza.
En 1987 Lanzarote fue declarada como uno de los seis modelos universales de desarrollo sostenible por la Organización Mundial del Turismo (O.M.T.), y en 1994 fue declarada Reserva de La Biosfera por la UNESCO.