Fundador - Viajero ocasional
© Bojel
Llegué a Camboya proveniente de Laos, y en realidad creo que la mala experiencia que tuve al entrar en este país lo que hizo que desde el principio no me gustara mucho. Habiendo disfrutado de verdaderos días de descanso y mucha diversión en el Sur de Laos y la despedida de los que habían sido mis últimos compañeros de viaje fue algo que hizo que no estuviera del todo convencido de dejar Laos, pero creo que mi tiempo se había acabado en ese país, así que tome una pequeña embarcación que me trasladaría de mi isla hacia el lugar donde tendría que tomar un jeep para llegar a la frontera con Camboya. Fue un viaje de 45 minutos o una hora, en realidad no lo recuerdo, seguía pensando en la gente que estaba dejando atrás. Al llegar a la frontera, que no es mas que una pequeña casa maltrecha de madera donde tienes que presentar tu pasaporte para que te lo sellen entras a un pequeño embarcadero donde tienes que tomar la próxima embarcación hacia Camboya, se puede realizar en botes lentos que será un viaje de 6 o 7 horas o bien un bote rápido que se realizara en tan solo 2 hora y 45 minutos. Pero cual sería mi sorpresa, las personas encargadas de llevar a los turistas quieren sacar el mayor provecho que se pueda así que en un principio éramos 3 los que deseábamos cruzar la frontera, dos chicos franceses y yo, nos exigían 70 dólares lo cual suponía una barbaridad si comparamos el coste de vida de esos países, insinuamos no estar interesados en tomar el bote, pensando que podríamos convencer entre tanto a otro conductor, pero para nuestra sorpresa se hablaban entre si, en su idioma y todos se habían puesto de acuerdo en el precio, así que pronto éramos ya 5 porque una pareja de australianos se nos unió, intentamos negociar, estuvimos esperando casi 3 horas y nadie cedía, hasta que logramos que un conductor nos rebajara a 50 dólares, pagando un precio de 10 cada uno, me pareció exagerado, porque tenemos que recordar que iba sobre mi tercer mes de viaje en Asia y nunca había pagado precios tan desorbitados.
Luego de sentirnos un poco estafados, también nos sentíamos orgullosos de no haber tomado el bote de quien nos dijo que por no querer pagar inicialmente el precio que nos dijo, el se encargaría de que no saliéramos ese día de allí. Yo llevaba un poco de prisa, ya que el día anterior un amigo de Irlanda había hecho lo mismo y me esperaba en la próxima ciudad en Camboya para viajar juntos.
Luego de la mala experiencia cruzamos el río de la orilla que era Laos a la otra donde estaban las oficinas de inmigración de Camboya. Allí los 5 nos habíamos puesto de acuerdo en no pagar nada, ya que habíamos escuchado las historias que la misma policía te exige dinero, así nos tuvieron en un cuarto pequeño en espera a que el oficial nos llamara para sellarnos el pasaporte de entrada, y después de 45 minutos de espera inició a llamarnos individualmente, y tras el primer chico cerro la puerta de la oficina, y al ver que tardaba en salir entramos los 4 restantes en la oficina, el otro chico nos explico lo que nos temíamos, le estaba pidiendo dinero, así que los 5 a una voz le dijimos que no estábamos dispuestos a dar por ningún concepto dinero que no fuera oficialmente necesario, y que nos diera su nombre porque lo denunciaríamos al solo llegar a Phnom Penh, así que temeroso de que fuéramos a cumplir nuestra amenaza nos dejo ir sin el “impuesto” de entrada.
Parecía que íbamos a correr una carrera de botes o que fuéramos en un rally, ya que teníamos que vestir un casco de motorista y un chaleco en caso de accidente o naufragio, además teníamos que utilizar tapones para nuestros oídos.