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9 en cuatro días Dar Es salaam

[Biciclown]

Biciclown

[*][*] Fundador - Viajero habitual

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Datos del viaje

© Biciclown

El avión de Precisión Air (infortunado nombre) salió con una hora de retraso de Dar es Salaam. Sergio y yo éramos la nota de color en un pasaje de piel oscura. Por delante nos aguardaban unas tres horas y media de vuelo, y mucha incertidumbre. Cómo estarían preparando los espectáculos?. Cuánta gente asistirá de los más de 70.000 refugiados?. Cuál será la reacción de la gente, congoleses y burundeses, que llevan más de 13 años desplazados, ante un clown si no saben si quiera qué es eso?. Cómo aguantará mi cuerpo tanto espectáculo seguido?. De qué es el sándwich que nos acaban de servir las bellas azafatas?. Parece de mostaza, sólo uno de los lados del pan tiene mostaza. El otro está virgen pero como no tengo idea de lo que cenaré, opté por liquidarlo.
La pista de aterrizaje de Kigoma es de tierra, y tan pronto el avión contacta con ella, una gran nube de polvo rojo persigue el avión. El aeropuerto recibe casi a diario un avión de carga de las Naciones Unidas. El mantenimiento de estos campos de refugiados cuesta mucho, mucho, mucho dinero. El emplazamiento elegido por el Gobierno de Tanzania es un lugar mortífero. Las cabras que pastaban en estos campos sufrían constantes desastres naturales, como fuertes lluvias, y eran atacadas por la mosca del sueño. Ideal para ubicar a refugiados de otros países. A cambio de esa "ayuda", el Gobierno de Tanzania recibe créditos más blanditos del Fondo Monetario Internacional.
Para gestionar estas villas fantasmas hacen falta centenares de personas. Viven en residencias muy modestas y en algunos casos en tiendas de plástico. Cada 3 meses de trabajo tienen doce días de descanso, dos de los cuales los emplean en llegar hasta sus casas, en muchos casos en la otra punta del país. La Cruz Roja española se preocupa de que el agua llegue a todo el mundo. Casi dos millones de litros son empleados cada día. Pero no habiendo cerca ríos ni pantanos, de dónde sale el agua?, me pregunto. Han encontrado agua subterránea, de mejor calidad que la que se bebe en Dar es Salaam, y por medio de generadores sustentados con gasoil, consiguen que cada casa tenga un punto de agua por lo menos a 200 metros. Esto me lo cuenta Jorge, expatriado de Cruz Roja Española. Él ya me conocía, pues cuando ofrecí una charla en el Festibike 2.004 en Madrid, asistió con sus amigos. La casualidad nos ha hecho juntarnos aquí. La misma que me permitió conocer a Yves, la mano derecha del Embajador de la Unión Europea en Tanzania. Gestiona un programa de Ayuda humanitaria, y si de su visita a los campos resulta un informe negativo, se acabó el dinero para el agua, el diesel..., y la muerte llegaría a estas ciudades artificiales. La idea es que toda esta gente pueda ir siendo repatriada a sus países de origen, Congo Kinshasa o Burundi, si la situación política de estos países lo permite. Para llevarlos al Congo utilizan un barco que alcanza las montañas congolesas en un día de navegación por el Lago Tanganica. El barco fue construido antes de la Primera Guerra Mundial, con piezas transportadas desde Alemania y ensambladas en Tanzania. Pero aunque el barco estuviera funcionando a tope de capacidad, tardarían tres años en repatriar a todos los congoleses. Pues en el campo sigue naciendo gente. Curiosamente pocos mueren oficialmente. Denunciar una muerte implica perder la cartilla de alimentación de esa persona, y la familia oculta el deceso.
Para ir a los espectáculos había que recorrer una media de 2 horas en coche. La mala suerte quiso que pincháramos un par de veces, tanto a la ida como a la venida. Los conductores reparaban el pinchazo en el tiempo que yo precisaba para buscar un árbol que regar.

La organización de los espectáculos quedaba en manos de los responsables de los campos. Para acceder al interior había que tramitar un permiso que llegó un poco tarde, por lo que el primer día comencé actuando en la villa de Uvinza y a la tarde en el campo de Luvufo I de congoleses.

De los 9 espectáculos uno estuvo muy bien organizado. El resto salieron bien por la cabezonería que viaja conmigo, por la agilidad de Sergio y por casualidad. Como muestra de las personas con las que tuve que bregar para hacer cada show os hablaré del encargado de construir la tarima en uno de los campos. Al ver su obra, tres horas antes del show, y comentarle ciertas necesarias reformas me comentó que “teniendo en cuenta que estábamos en Tanzania, no había tiempo para reformas”.

Era ya el último show y no estaba dispuesto a aguantar más apatía. Desde el primer día arrastraba una inflamación de garganta, y estaba haciendo un maratón de clown (el más intenso de mis 17 años de escena), y ya me tocaba un poco las narices que los locales no pusieran toda la carne en el asador. Sergio me miraba un poco asustado por mi dureza poco política. Al llegar la hora del show, habían conseguido hacer esas reformas. Éstas consistían en colocar un par de cuerdas para que los niños no acabaran siendo pisados. En el almuerzo tras el show, vi al encargado de la obra y le felicité. También le recordé su pesimismo inicial, y que no queda bien tirar la toalla antes de comenzar la lucha.

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