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Fundador - Viajero habitual
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© Rafael Bastante Casado y Silvia Sánchez Carretón
El día que llegamos a Kathmandú estábamos tan destrozados moralmente por la nueva avería de la furgoneta que no tuvimos fuerzas ni para movernos por la ciudad. Fue el segundo día cuando nos pusimos en marcha hacia Durbar Square, y de nuevo tuvo que esperar porque al llegar un policía nos dijo que debíamos pagar una entrada de 200 rupias, pero que con una fotografía carné nos harían un pase por la duración del visado, decidimos así regresar al día siguiente con la foto.
Yo desconocía por completo lo que me iba a encontrar, nunca había visto imágenes de la ciudad y lo que había visto en Pokhara poco, o más bien nada, tenía que ver con lo que esconde la capital del país en sus calles. Penetramos en la plaza por la calle que llega de Chettrapatti, por el noroeste. Ya pagando la entrada comencé a ver los tejados de los templos en forma de pagodas, se multiplicaban uno detrás de otros, recuerdo que me pareció lo más bonito que había visto nunca, aunque claro, esto me ha ocurrido muchas veces en el transcurso del viaje, Capadocia, Wadi Rum, Isfahán, Rakaposhi, me vienen a la mente numerosos lugares ya escondidos en el baúl de los recuerdos.
La plaza es perfecta, no parece haber ningún orden en la construcción de los templos, más bien todo lo contrario, parece que cada rey a su antojo hizo levantar cada edificio, sin respetar unas dimensiones o distancias entre ellos, pero seguro que todo estaba bien planeado, y algún sabio consultó las estrellas antes de decidir el lugar y la forma de cada rincón.
Ésta fue la primera vez que caminaba por sus calles, pero no la última, hoy mismo, un par de horas antes de escribir esta crónica, mis pies me han llevado de nuevo allí, los puestos callejeros que se extienden al inicio de Freak Street parecían los mismos, pero los turistas inundaban cada baldosa, nada que ver con la paz y la tranquilidad de principios del mes de septiembre, hoy es 12 de octubre y la temporada alta se hace notar en las calles de la ciudad, ¡y en sus precios!