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La provincia de Semnan, ruta de las caravanas

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Datos del viaje

Un tanto decepcionados con la visita a los montes Alborz emprendimos camino hacia la provincia de Semnan. La carretera discurría de nuevo entre montañas y llanuras fértiles, era una comarcal y se notaba en el poco tráfico de coches. Llegando a la capital, también llamada Semnan, nos desviamos hacia Damghan, otra de las ciudades importantes que dista ciento once kilómetros de Semnan.

En el camino hay dos antiguos caravansaray de la Ruta de la Seda, que desde las ciudades de Bujara y Samarcanda en Uzbekistán atravesaba Turkmenistán hacia Persia, el trazado de la autopista donde nos encontrábamos sigue el mismo camino. El primero de ellos se encuentra a cuarenta kilómetros de Semnan, lo vimos de lejos junto al otro sentido de la autopista, pensamos que sería un lugar perfecto para pasar la noche. Aparcamos junto a un barracón que parecía pertenecer a la policía, dimos un paseo para ver mejor la edificación y luego nos acercamos a preguntar si era un buen lugar para dormir. Un chico nos contestó que sí, que aparcásemos donde quisiéramos, así lo hicimos sin embargo al cabo de una hora se acercó un policía y nos comentó que mejor aparcásemos al otro lado de la autopista, junto a las dependencias de la Luna Roja Creciente, el servicio de emergencias. Obedecimos un poco contrariados por tener que mover la furgo, y al llegar allí se desencadenaron una serie de escenas con el personal de emergencias que desembocaron en: 1) la furgoneta aparcada en su aparcamiento bajo llave y 2) Rafael y Silvia en una habitación con literas y calefacción, un hotel improvisado. Era la segunda noche que nos acogían amablemente, en esta ocasión Abas y su equipo, al instante nos llevaron unos tés a la habitación y más tarde la cena. Nosotros no salíamos de nuestro asombro, ellos parecían encantados con nuestra presencia y la velada se alargó hasta media noche charlando y mostrándoles las fotografías de algunos lugares. Por la mañana un sustancioso desayuno nos esperaba, hicimos la promesa de pasar a saludar al regresar de nuestra visita a Damghan.

Muy contentos recorrimos los setenta kilómetros que nos quedaban y entramos en la ciudad un tanto despistados por la carencia de un mapa. Intentando encontrar el camino casi me como a un señor mayor que circulaba en su motocicleta, no le entendí muy bien, pero de su boca salió un raudal de palabras malsonantes, el caso es que no era culpa mía, en este país no saben lo que es conducir ni tienen la mínima noción de educación vial, en las calles y carreteras impera la ley de la selva. Pasado el susto encontramos el camino y aparcamos junto a la Masjed Tarikhune.

Nos hallábamos frente a la mezquita más antigua de Irán y por lo tanto una de las más antiguas del mundo, aunque muy deteriorada se pueden observar numerosas arcadas y bóvedas e intuir cómo hubo de ser en el pasado. Pagamos la entrada de 300 tomanes cada uno y penetramos en el patio, todo lo que se veía estaba construido en adobe, como gran parte de la población, el lugar es formidable y estábamos de nuevo solos durante la visita.

Al salir del lugar preguntamos al soldado que acompañaba al taquillero por el paradero de la torre Pir-e Alamdar, él mismo nos acompañó hasta allí y nos abrió las puertas. El interior es austero pero el exterior es muy bello, todo en ladrillos cocidos y adornado con caligrafía cúfica en lo alto. Regresamos al inicio para dejar al soldadito en su lugar de trabajo y aparcamos cerca de la Masjed-e Juma o Mezquita del Viernes.

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