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Islandia

[Antoni]

Antoni

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Datos del viaje

© Antoni Ramón Bover

Están ahí, siempre presentes, siempre rodeándote. Los Cuatro Elementos de los que está construido este planeta, todavía azul, nos envuelven a perpetuidad. Más aún, formamos parte de ellos. Tierra, Agua, Aire y Fuego. Unas veces aparentemente tranquilos, otras muy activos. Vivimos con ellos, somos ellos. La espina dorsal del Atlántico se abre y aflora una tierra siempre en movimiento, cuya médula, el magma, entra en contacto con el agua en estado sólido para convertirla en vapor.

e las altas tierras centrales de la gran isla, numerosos cursos de agua se deslizan hacia el frío Atlántico precipitándose por las fallas volcánicas, cuya altura, en algunos casos, permite que los fuertes vientos marinos conviertan el agua en espuma y la espuma en vapor. Los Cuatro Elementos. Y si en algún lugar de este planeta, todavía azul, adquieren protagonismo las veinticuatro horas del día, este lugar es: Islandia.

e los calores caniculares mediterráneos a la fría tundra septentrional, sólo es preciso permanecer algunas horas encerrados en un tubo volador. De los casi 40º a la sombra a unos pocos doce al sol, en un abrir y cerrar compuertas. Lluvia, hielo y arándanos sustituyendo a las frescas brisas, la arena y la sangría. Todo para huir, por unos días, de la locura veraniega europea en una isla mediterránea que, es capaz de mover a toda la población de su capital en un solo fin de semana.

isar suelo islandés es olvidarse de los árboles, de los grandes edificios y de los atascos. Reikjavik es una capital europea que, curiosamente, se halla asentada en América, al menos geológicamente hablando. Un gran centro comercial, una solo autopista y muchos tejados de plancha ondulada. El centro de la capital no ha perdido el aire pescador. No sabemos por qué Islandia nos recuerda el bacalao, tal vez sea debido a los lavados de cerebro televisivos. Sus gentes son vikingas, es más que evidente, pero un par de cafeterías de sabor francés nos acercan al Mare Nostrum.

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