Fundador - Viajero ocasional
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© Alex Lapuerta
Me dispongo a salir de Mae Hong Son, una pequeña ciudad de las montañas, base de asentamiento idóneo para explorar algunos de los últimos rincones que todavía quedan infecuentados por el típico turista de sol y playa que acude a Tailandia.
Alquilo una pequeña motocicleta (por el mismo precio de lo que me costaría una cajetilla de tabaco en mi ciudad) e inicio mi camino en dirección Nai Soi.
Atravesando por bellos parajes a campo abierto, bordeados por una delgada pista de tierra polvorienta por la que circulo en plena armonía con el entorno que me rodea, junto alguna pequeña aldea con su riguroso templo budista a orillas del río Pai, río en donde realizo una primera parada de rigor para saborear ese exquisito momento de calma y libertad.
Han sido solo 30 los kilómetros recorridos por donde el tiempo parece no pasar.
Las leves crecidas del río en estos primeros días de Enero no me dificultan el atravesar con la moto a través de sus aguas.
La temperatura parece acompañar a estas horas matinales, cosa que no sucede durante la noche donde se hace indispensable el uso de algo más de ropaje.
Una señal de tráfico me indica que voy por el buen camino. Al ver escrito en ella “cuello largo Karen” y no el nombre de la aldea (Nai Soi) me imagino esa dura y triste realidad de lo que ya leí en algunos escritos acerca de la situación por la que atraviesa esta particular etnia llamada Padaung, perteneciente al subgrupo de los Karen, nombre con el que se aplica a los diferentes pueblos tribales de la Birmania meridional.