Fundador - Viajero ocasional
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El viernes a la tarde saqué boletos ida y vuelta clase Eurobus para Barcelona, salida 23:15hs, llegada 07:15hs. El bus es el mejor que se puede conseguir. El viaje fue muy cómodo y hubo una parada en la cual podías pedir algo para comer y beber. Fué mas confortable que en un avión. La luna me seguía desde la derecha.
Llegué a la estación Nord en la mañana fría con un mapa simple y la dirección de mi amigo. La típica mañana vacía. Dí varias vueltas hasta que encontré el lugar donde vive. Toqué el timbre desesperadamente -quizá siete veces-, tenía frío. Solo respondió el sonido que abría la puerta del edificio, tomé un ascensor de madera hasta el cuarto piso.
Atendió mi amigo con rostro extraño, mientras yo lo saludaba en voz alta comprendí que debía silenciarme. Claro, el vive con otras tres personas, habían de haberse acostado hace un par de horas. Haciendo muy poco ruido entré en la sala de estar, la aquitectura del piso es muy interesante y antigua, con arcos y varias habitaciones.
Desayuné y armé -junto con sugerencias de él- el itinerario del día. Me contó sobre los catalanes y su campaña para con su cultura. Luego habló más sobre él y su vida en los últimos dos años. Decidí partir para recorrer la ciudad, volvería más tarde para conseguir el lugar donde pasar la noche.
Comparándola, la ciudad es muy diferente a Madrid, los edificios parecen más nuevos aunque no han sido tan restaurados. Art nouveau por donde mires. Las calles son más anchas y tienen un aspecto más citadino. Hay muchas puertas enormes y de madera en las entradas. Se presta mucha atención a casi todos los detalles, hasta los bebederos tienen decoración. Esto pensaba cuando empecé el recorrido.