Fundador - Viajero ocasional
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Primeras impresiones del Amazonas
Hace demasiados años para recordar la fecha, pero nunca serán demasiados para olvidar las palabras que Alfredo, el que fuese mi profesor de dibujo en el colegio, nos dijera una tarde cualquiera durante su clase. Hoy más que nunca comprendo la invitación que nos hizo.
Aquel día no tendríamos una clase de perspectiva isométrica, ni de sistema diedrico, aquel día recibiríamos una enseñanza más profunda. Para algunos de nosotros aquella tarde fue un paréntesis casi mágico que nos abrió una ventana a otro mundo.
-Hoy quiero contarles algo señores-. En tono casi solemne se dirigió a nosotros. Alfredo aún siendo muy joven siempre nos trataba con un respeto casi venerable, el mismo que exigía para su persona.
– Hace un par de años me asignaron un trabajo de restauración de una obra pictórica de relevancia. Al finalizar mi trabajo recibí una pingüe remuneración. Era un dinero de un trabajo extra que no esperaba recibir, así que me lancé de inmediato a cumplir un sueño: adentrarme en el Amazonas.- Con sus palabras captaba mi atención, mi imaginación por aquel entonces aún más cabalgante que hoy, se apresuro a imaginar las escenas que con pasión y entusiasmo nuestro profesor nos describía. En la pizarra nos dibujaba los poblados que visitó, los diferentes tipos de insectos…peligros, tribus ancestrales, aventura, la gran aventura de su vida. Sus ojos se iluminaban con súbitos destellos, sus palabras crecían a medida que su relato se adentraba en la frondosidad de la selva, los guacamayos se posaban en los pupitres con sus plumas rojas y azules, azules y verdes.
-Viajen, descubran nuevos lugares. Visiten las maravillas que encierra su ciudad, las bellezas monumentales, sus jardines, la montaña, los ríos y lagos. Viajen permitiendo a sus ojos descubrir todos los detalles. No miren al suelo, alcen la vista y observen. Aunque hoy piensen que todo lo que vean durante los próximos años se desprenderá hasta esconderse en los baúles del olvido, yo hoy les aseguro, que con el paso del tiempo aquellas experiencias vividas, aquellos paisajes contemplados, aquellas esculturas acariciadas con los dedos de la vista, surgirán ante ustedes con vida renovada. Se habrán enriquecido para siempre. Y eso señores, eso llena el alma.